¿Por qué usan la Corte Internacional de Justicia si no van a cumplir?
Desde que se creó la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en 1945, varios países del mundo han dirimido sus diferencias territoriales y de otra índole con el fin de lograr acuerdos coherentes que beneficien a ambas partes o que le dé la razón a una de ellas si es que tiene los argumentos necesarios en qué apoyarse.
El caso de Colombia y Nicaragua se definió el 19 de noviembre y les aportó los cayos e islas a Colombia y la parte de explotación pesquera y económica a Nicaragua.
Ambos países a lo largo del litigio que se inició en 2001, han declarado la soberanía en las islas, cayos y áreas económicas.
En 2007, Nicaragua perdió la demanda en la CIJ de La Haya y presentó una serie de apelaciones, lo que provocó además algunos conflictos con la administración de Álvaro Uribe.
Cinco años más tarde, el fallo de la CIJ es a favor de Nicaragua, a pesar de que se planteó cierto grado de equidad.
Lo cierto es que el gobierno de Juan Manuel Santos desconoce el fallo y ha tomado medidas extremas que implican salirse del Pacto de Bogotá de 1948.
Y yo me pregunto, ¿para qué acuden a las instancias internacionales si no van a acatar los fallos que son inapelables? ¿Por qué no se tomaron medidas de contingencia que evitaran que los pescadores y habitantes de San Andrés hoy sean los más afectados con la medida?
Pero también hay que preguntarse ¿qué hicieron de diferente esta vez los abogados de Nicaragua a las demandas anteriores para que lograran convencer a los jueces de que el área les pertenecía?
Lo cierto es que el fallo ha generado desconfianza, y ahora les toca a Chile y Perú definir su problema marítimo, y esperan correr con mejor suerte.
Hay que tener claro que las fronteras y límites en nuestros países son líneas muy delgadas que cuando menos se piensa se pueden transgredir y causar serios conflictos.