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¿Por qué y para qué el PARLACEN?


Hoy vivimos en un mundo desafiante, de lucha voraz por el control de los espacios económicos, de crisis global de nuestro entorno geográfico que ponen en peligro la supervivencia del género humano; ante este tétrico panorama cabe el esfuerzo conjunto, las experiencias compartidas y las acciones unificadas para generar respuestas eficaces. Para el caso de Centroamérica, tenemos que lograr iniciativas que generen respuestas funcionales a un orden público con seguridad ciudadana donde no se violenten los derechos humanos; urgen mecanismos que garanticen que la participación de la Región en el sistema económico internacional tome en cuenta el desarrollo humano con equidad social; la seguridad alimentaria y la creación de espacios de oportunidades, tienen que ser piezas claves en los programas de nuestras economías.

El PARLACEN es parte de la historia política de la Región y su existencia es cada vez más necesaria. No podría ni ahora ni después hablarse de integración regional sin hacerse referencia obligada al rol que ha cumplido este organismo. Su razón de ser no es ajena a la convulsionada historia política de Centroamérica (de esto no escapa Panamá), y sólo entendiendo las raíces y el devenir del proceso político regional, puede entonces, entenderse no solo su naturaleza intrínseca sino también el valor que se le asigna a la paz, a la democracia, a la solidaridad. Es asunto de carne y hueso, de sangre y dolor, con huellas profundas en la conciencia y sufrimiento del “ser” centroamericano.

En el Parlamento Centroamericano se aglutinan las fuerzas políticas de la región, que actúan sobre un escenario en el que se enarbolan la paz, la democracia, lo comunitario, como valores esenciales para la convivencia humana. Todo esto, es la manifestación de una etapa de la lucha política superada en el tiempo gracias al trabajo conjunto que ha facilitado zanjar heridas, en algunos casos abiertas y, por lo tanto, es necesario que en el ámbito regional, estas fuerzas políticas estén en permanente encuentro de reflexión y que sean voces que discuten, promueven y legislan sobre el quehacer regional.

El Parlamento tiene, y siempre ha sido así, un camino difícil de recorrer. Hablamos de una región que supera los cuarenta millones de habitantes; y en donde la pobreza alcanza la alarmante cifra del 40% de la población. Si la pretensión institucional, está orientadas a mejorar las condiciones de vida de la población, entonces habría que trabajar con la fe de que variar esa realidad es posible y que ello depende, en gran medida, de nuestras propias voluntades. Lo que no es consecuente, sino reaccionario, es debilitar y echar por la borda, la iniciativa parlamentaria como se lo ha propuesto el gobierno panameño.

El sistema de integración, desde esa perspectiva, requiere de la existencia de un Parlamento robustecido. Si lo logramos, daremos pasos adelante en la construcción de la democracia regional, y la democracia para nuestros pueblos, es una esperanza. No hacerlo es un retroceso imperdonable con costos que laceran las conquistas logradas para los pueblos centroamericanos y caribeños.

jayan2258@gmail.com