Por un camino equivocado
Las recientes declaraciones del candidato oficialista a la Presidencia de la República, de acuerdo con las que el creciente endeudamiento del país no presenta mayor problema, ya que la economía panameña desarrolla un alto ritmo de crecimiento, resultan sorprendentes, sobre todo si se tiene en cuenta que las mismas fueron realizadas por alguien que cuenta con un título de economista.
En efecto, el consenso que hoy predomina entre los profesionales de la economía es que, lógicamente, los muy altos ritmos de crecimiento de la economía no están automáticamente asegurados. Es prácticamente insólito que un profesional de esta rama del saber, quien hasta hace poco fungió como ministro de Estado, pareciera desconocer que las propias proyecciones fiscales del Ministerio de Economía y Finanzas para el quinquenio 2014– 2018 se basan en la hipótesis de un crecimiento promedio anual real de tan solo el 6.1%, tasa significativamente inferior a la observada en el periodo reciente.
SECTORES CLAVES DE LA ECONOMÍA MUESTRAN ACTUALMENTE ALGUNAS IMPORTANTES DEBILIDADES. BIEN CONOCIDOS SON LOS PROBLEMAS DE LA ZONA LIBRE DE COLÓN....
El propio Banco Mundial en un estudio del 2013 admite que luego de terminada la expansión del Canal y las actuales obras gubernamentales de infraestructura, las cuales podrían mantener el dinamismo económico entre el 2013 y el 2014, deberán aparecer nuevas actividades que promuevan el crecimiento. Más aún, es importante acotar que algunos de los sectores claves de la economía muestran actualmente algunas importantes debilidades. Bien conocidos son los problemas de la Zona Libre de Colón, mientras que los datos de los dos primeros meses de este año, únicos para los cuales el INEC ha publicado resultados, manifiestan tasas negativas de crecimiento para la actividad del Canal de Panamá.
Así mismo el índice de actividad económica mensual mostraba para abril una seria desaceleración de cerca de 4.36 puntos porcentuales en relación con el año anterior. A todo esto se debería agregar el reciente reconocimiento del FMI en el sentido de que la economía mundial, principalmente debido al debilitamiento del dinamismo de los mercados emergentes, está creciendo a un ritmo inferior al esperado.
Más allá de las posibles falencias del novel economista que hoy encabeza la nómina presidencial del partido de gobierno, el problema también está en torno a lo que los sectores económicamente dominantes, tanto de gobierno como de oposición, piensan que deben ser las ramas que aseguren el dinamismo económico local.
De acuerdo con el Banco Mundial se trata, entre otros, de la minería a cielo abierto y una nueva dosis de inversiones públicas, las cuales implicarán un mayor endeudamiento público. En la misma dirección los análisis del MEF aseguran que Panamá cuenta con un enorme potencial para el desarrollo minero. Es en este sentido que se debe advertir que de acuerdo con la visión de dichos sectores económicamente dominantes se trata de guiar al país hacia el extractivismo depredador, el cual se entiende como elemento clave para sostener el proceso de acumulación de capital basado en la desposesión.
Se trata de una adición al actual modelo de crecimiento, que sin modificar su carácter concentrante y excluyente, genera nuevos problemas y nuevas formas de inequidad. Estos son el resultado del impacto que el extractivismo depredador tiene en relación al acceso y control de los activos naturales, así como sobre el acceso a un medio ambiente sano.
A diferencia de lo que piensa la doctrina neoclásica del desarrollo, la producción basada en la minería a cielo abierto en los países de menor desarrollo relativo no proviene, ni por asomo, de una menor valoración en el margen del medio ambiente por parte de estos. Por el contrario, como se evidencia en Panamá, la misma se basa en un cambio en la definición en los derechos sobre los recursos naturales, el cual representa la desposesión forzada de las poblaciones originarias y campesinas que utilizan dichos recursos para sus actividades económicas, sociales y culturales.
El extractivismo basado en la minería a cielo abierto también significa que, dado su alto nivel de contaminación, el mismo restringe seriamente el derecho de todos los habitantes del país a gozar de un ambiente sano. Más aún, se trata de una nueva forma de intercambio desigual en el que los costos ambientales los sufre el país, mientras que las transnacionales se apropian de las rentas generadas por la explotación. A final de cuenta, agotado el recurso, solo queda la pobreza y la degradación ambiental. Se trata del camino equivocado.
La ruta correcta es la que se basa en el desarrollo de nuestro recurso básico, es decir nuestra propia población y su capacidad productiva. La misma pasa, entonces, por la justicia social, la educación, la salud y el desarrollo científico técnico sostenible.