Por un periodismo libre
Psicóloga
Este artículo está dedicado a todos los periodistas de mi país, en especial a Sabrina Bacal y a Justino González.
El periodismo puede ser una profesión riesgosa en algunos países, puesto que descubren verdades incómodas para los poderosos.
Hoy los medios de comunicación constituyen una herramienta eficaz para mantenernos al tanto de los sucesos sociales, económicos y políticos nacionales e internacionales. En las sociedades modernas los medios tienen el poder de conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel importante en la promoción y formación cultural, política, y social.
Los medios masivos de comunicación pueden además crear opiniones o actitudes entre personas, reforzar actitudes ya existentes o disminuirlas, convertir personas a un punto de vista opuesto al que mantenían, etc. Sin embargo, sus alcances pueden ser un peligro real, cuando un gobierno no tolera una información, engendrando la pasividad en los comunicadores, haciendo de sus lectores, consumidores resistentes y poco vigilantes para alienarlos con falsos señuelos, falsos ídolos y falsas doctrinas sin respetar la verdadera dignidad y el destino del hombre.
Quiero ligar lo anterior con el fenómeno de la corrupción, que no conoce fronteras políticas ni geográficas. Siempre ha existido y despierta en todos mucha preocupación ya que está vinculada al tráfico de estupefacientes, al lavado de dinero sucio, al comercio ilegal de armas, es decir, al enriquecimiento ilícito en todas sus modalidades. La corrupción es un fenómeno que tiene raíces profundas. Es por ello, que debe haber una colaboración más estrecha y coordinada entre el gobierno y las fuerzas vivas que buscan combatirla. En este combate, es importante la misión de los medios de comunicación social. Sin la presencia de un periodismo libre, de sistemas democráticos de control y de transparencia, la corrupción es imbatible.
Se trata de un problema moral y, si es verdad que la moral no puede ser impuesta por la Ley, también lo es que la vida del hombre público -su moral privada- forma parte de su personalidad, de su imagen, de su responsabilidad como ciudadano de este país y, si ejerce la corrupción, no es justificable callar si deseamos combatirla.
Un medio está obligado a publicar lo malo con claridad, a denunciar y señalar lacras, corrupciones e inmoralidades y a enfrentarse a los poderosos. Sin embargo, hay quienes desean limitar lo anterior haciendo del ciudadano una persona totalmente reprimida convirtiéndolo en un ser frío, indiferente, e insensible.
La comunidad requiere de alguien que hable por ellos, les divulguen sus problemas y exijan sus derechos.
*La autora es Especialista de la conducta humana.
