Por unos dólares más
Estuve oyendo al señor Juan Carlos Tapia hablar sobre los beneficios económicos y laborales que trae al país la mina que están explotando en Petaquilla. Empezó diciendo que la empresa explotadora le había dado unas cuñas para su programa de televisión; y que él había aceptado porque la suya es una empresa comercial, pero que les había advertido que si él veía que Petaquilla estaba contra los intereses del país, redoblaría sus críticas adversas etc. Agregó que él fue en un avión (de Petaquilla) a ver cómo estaban trabajando en esa mina. Y realizó un reportaje que los favoreció grandemente.
El argumento del señor Tapia fue: que en los terrenos que no están trabajando en la mina vio más deforestación que en los de la mina. ¡Qué inteligente es el señor Tapia! Hubiera sido un gran sofista en la época de los clásicos griegos.
Es elemental, que en donde se trabaja la agricultura y la ganadería, se produce la deforestación. Pero vamos a ilustrar con ejemplos. Tomemos dos montañas, en distintos lugares del distrito de Boquete. Las dos están llenas de árboles, de vegetación, de ríos y de toda clase de animales silvestres. Y una de ellas es deforestada para la agricultura, la ganadería y la urbanización. La otra montana será utilizada para la explotación de una mina de oro, como la de Petaquilla. ¿Cuál será el resultado de las dos montañas? Todos saben que en la que se dedicaron a la agricultura y la ganadería permanecerá para toda la vida dedicada a esas labores. Pero en la que explotaron la mina, quedará destruida para siempre, allí no nacerá ni una brizna de paja más; y se destruirán sus ríos etc.
Otro ejemplo. En el desierto de Atacama, en Chile, que es tan extenso como nuestro país (más de 70 mil kilómetros cuadrados), allí explotan el cobre. No hay ningún peligro, porque en tan vasta extensión no crece ni una brizna de paja. Pero eso es muy distinto a la explotación que querían hacer en Cerro Colorado, que está rodeado de vegetación y de ríos por todas partes. ¿Estamos señor Tapia?
Insisto. Los terrenos que se trabajan en la agricultura, la ganadería y otras actividades afines -aunque se deforesten- siguen aptos para continuarlos trabajando todos los años. En cambio, los terrenos donde explotan una mina, no servirán para nada una vez que se termina su explotación. Y la mina de Petaquilla, que usted defiende, nos dejará una región deforestada y estéril para toda la vida. ¿ Estamos claros?
El enfoque que deben hacer los patriotas panameños es: ¿Vale la pena destruir con una mina toda una región, porque en ella trabajan mil panameños y el fisco se beneficiará con unos millones de dólares, o deben conservarse vírgenes esos terrenos, hasta que nuestro país ensanche sus horizontes y seamos capaces de convertirlos en grandes centros de producción y de progreso?
Creo, señor Tapia, que usted que es tan inteligente y tan patriota, debe volver a pensar en esta disyuntiva que le presenta el porvenir a la patria. No olvide lo que dijo el gran patriota prusiano, Otto Von Bismarck: “ El político piensa en las próximas elecciones, y el patriota, en las próximas generaciones...
