Porque la Patria importa
Las alegorías de la política criolla son fantásticas. Pasan por políticos que se creen y están harto convencidos de que ellos son de mucha monta y quienes enquistados en la cima de la más abyecta mediocridad se venden como productos de gran valor que se ubican en la vía, al paso de la gente, en vitrinas exornadas con atuendos de toda clase y especie. Concurren a aplaudirlos aquellos ingenuos que creen en sueños dorados de promesas nunca cumplidas y que traducen frustraciones de quinquenio en quinquenio, en este suelo que nos vio nacer y, como lo decía Thelma King Harrison, esa gran abogada y líder colonense, "suelo que amamos porque es la Patria donde hemos nacido". La Patria está herida, herida de muerte. Compungidos sus hijos, los que amamos su esplendor un día, al decir del poeta Demetrio Herrera Sevillano, vemos solo fraudes y frustraciones por doquier.
La educación sigue relegada a la escoria de una cenicienta que no ve llegar a su príncipe azul que le ponga zapatos, trajes, sombreros, cintos, etc.; el transporte, mangas por hombros, destartalados los buses y nadie dice nada en una ciudad en donde ya no se puede conducir porque ahora tenemos que soportarnos a un cerro de gente de afuera –que se está tragando a la Patria- que ha llegado a estas tierras a hacer fortunas, buscar trabajo y también para hacerse de bienes –hay más carros que nunca en esta ciudad-; no hay viviendas para los pobres, no pueden pagarlas, sus precios, cuando se construyen, son como un imposible de alcanzar y con el alto costo de la vida en este país, vamos de tropiezo en tropiezo, sin posibilidad de reivindicación social; estoy harto de que se diga que a los panameños no nos gusta trabajar y que por ello el extranjero nos desplaza en los trabajos, mentira perversa, pues hemos sido los panameños y nadie más lo que hemos echado este país, en lo mucho o en lo poco, hacia adelante; siguen los problemas, crecientes, de la falta de agua en nuestros pueblos y barriadas, grandes sectores de la población ruegan cada día el agua como si para ellos no existiese autoridad alguna que les pueda resolver, de una vez por todas ese problema; la salud, ni se diga, precaria, bueno qué se puede esperar de un pueblo que es mal alimentado, porque no puede poner en sus platos vegetales ni frutas, menos carnes ni mariscos; esto es un desastre.
Al pueblo se le ha venido, dolosa y delictivamente, mintiendo, año tras año. Las grandes contrataciones con el Estado se las llevan, por una parte, pocos poderosos empresarios locales arrimados al poder, como suele acontecer en todo gobierno, y por la otra, grandes transnacionales se llevan multimillonarios contratos y también, para colmo, a hora se le entrega las tierras de Barú a una transnacional, poniéndose en juego, en tela de incertidumbre terrible, la seguridad alimentaria de nuestro pueblo habiéndose otorgado un contrato ley que les da ventaja por 20 años y renovable por 20 años más si se portan bien. No podemos quedarnos callados, de brazos cruzados ante estas acciones que van en detrimento de un pueblo que necesita y demanda que sus mejores hombres y mujeres hablen, griten, vociferen, denuncien, y se enquisten en el pódium del valor y de la valentía para esgrimir la palabra fuerte y altisonante en aras de desnudar la mentira y el fracaso de quienes no han cumplido con el pueblo, con la nación.
No puede ser cierto, jamás, como ocurre en la hermana República de Venezuela, que un puñado de hombres se hayan arrogado el poder para destruir en nombre de la democracia y del derecho, el derecho a vivir de toda una nación, o que se inventen, como también se suele hacer en nuestro suelo, fórmulas mágicas con apariencia de constitucionalidad y de legales, para sembrar el caos y acabar o defenestrar todo vestigio de institucionalidad y de democracia, encauzando a una nación a la pobreza extrema y que, como afirma, habiéndolo perdido todo ya nada tiene sentido y por ello la lucha en las calles, aunque conlleve el riesgo de perder la vida, se hace día a día. Como decía José Martí: "Es mejor morir con dignidad que vivir sin ella".
Abogado