¿Practicamos trabajo decente?
Lo propicio sería enmarcar inicialmente el concepto de trabajo desde la difusión internacionalmente más aceptada y conocida por todos, para lo cual sería ineludible utilizar la que brinda la OIT (Organización Internacional del Trabajo), que define al "trabajo como el conjunto de actividades humanas, remuneradas o no, que producen bienes o servicios en una economía, o que satisfacen las necesidades de una comunidad o proveen los medios de sustento necesarios para los individuos".
Si prestamos atención, notaremos que este concepto suele usarse como sinónimo de empleo, o confundirse mucho con este otro término, el cual no significa lo mismo, por tanto, lo aclararemos para evitar futuras confusiones; de manera puntual que empleo se entiende como el "trabajo efectuado a cambio de pago, salario, sueldo, comisiones, propinas, pagos a destajo o pagos en especie sin importar la relación de dependencia, si es empleo dependiente-asalariado, o independiente-autoempleo".
Ahora bien, si eso es trabajo, entonces, ¿qué es trabajo decente? Qué concepción y qué comprensión se quiere dar en este mundo interconectado al término, teniendo claro y presente que estamos hablando de un concepto compuesto. La respuesta pareciera simple, pero no es así, luego de investigar un poco podemos sintetizar que la noción de "Trabajo Decente" fue acuñada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como consecuencia del proceso de globalización y la necesidad de atender sus dimensiones sociales, las cuales afectaban cada vez más a las masas obreras.
Entonces, el trabajo decente establece las condiciones que se deben reunir en una relación laboral para cumplir los estándares laborales internacionales, de manera que el trabajo se realice en forma libre, igualitaria, segura y humanamente digna. Debatir y discutir sobre el trabajo decente en sí mismo, darles sustancia a los datos relevantes que permean al término es lo más equilibrado y justo, un poco ambicioso tal vez para este artículo, pero de seguro que el intento dará frutos.
El trabajo decente se constituye, entonces, en un término muy valorativo y explicativo de la realidad, lleno de un sentido ético visible, que no debe ser confundido con un anhelo. Las dimensiones que lo constituyen y estructuran, su realidad tienen una sólida noción analítica y dan cuenta de cómo puede ser el trabajo, o bien, de cuánto adolece hoy en día y en cada sector o lugar esta actividad vital - acto social y propiamente humano. Hoy día vemos que las remuneraciones, vistas como un componente esencial del trabajo decente, distan mucho de ser adecuadas y equitativas para importantes contingentes de trabajadores panameños.
Qué hacer para que esto mejore en nuestra bella nación, a veces embestida por una vorágine de problemas sociales elementales, depende de la organización y el esfuerzo personal que cada uno de nosotros realice en aras de un beneficio personal, pero sobre todo colectivo y nacional.
Sociólogo / Investigador Social