PRD-Panameñista, una alianza sin el respaldo de sus bases
Estas dos corrientes políticas populistas conservan coincidentes características acerca de los orígenes y patrones para imponer sus idearios, responsables de los aciertos y desaciertos político-sociales de los últimos 40 años. Ambas agrupaciones nacieron bajo el fragor de las armas (el Movimiento de Acción Comunal de 1931, encabezado por el Dr. Arnulfo Arias, que derrocó al presidente Florencio H. Arosemena y el golpe militar de 1968, del general Omar Torrijos, fundador del Partido Revolucionario Democrático, contra el propio Dr. Arias), y de igual manera han sucumbido, extinguiendo toda fuente del pensamiento doctrinario de sus progenitores.
ES UNA ALIANZA QUE DARÍA MUCHO QUE HABLAR, NO POR EL PODER DE CONVOCATORIA Y LIDERAZGO POLÍTICO DE SUS DIRIGENTES, SINO POR LOS RESULTADOS Y LA EXPERIENCIA NEFASTA DE SUS ADMINISTRACIONES DE GOBIERNO... QUIÉN DIRÍA, EL TORRIJISMO Y EL PANAMEÑISMO EN ALIANZA PARA SACIAR INTERESES DE UNA CLASE POLÍTICA QUE JAMÁS HA PRACTICADO EL IDEARIO DE SUS PROGENITORES.
Actualmente, sus dirigencias se encuentran sumergidas en una lucha fratricida por el control de la membresía, a tal punto, que grupos encabezados por dirigentes sin liderazgo y poder de convocatoria, hasta han pensado en una alianza, sin medir las consecuencias políticas que esto les acarrearía; evidenciando con ello, el interés de alcanzar el poder para saciar intereses de un grupo en detrimento de las mayorías, que no tendrán cabida, por tratarse de un gobierno compartido en el negocio de la cosa pública.
De las ejecutorias y su cuestionada trayectoria en el manejo de la administración pública en sus respectivos periodos de gobierno, aflora un desprestigio generacional, que el pueblo sella con un rechazo y repudio, demarcando con un techo frágil, la mínima posibilidad de alcanzar el liderazgo de otrora dirigentes y por consiguiente, enlodando aún más el perfil de sus dos carismáticos y definidos fundadores.
De lograrse una alianza, el que la encabece absorbería la membresía del otro, a través de los espacios políticos, el chantaje y la persecución mediática y la ruptura estaría en sus planes a corto plazo. De ser el panameñismo el que cediera la cabeza, desaparecería como partido político, dando fin a una corriente política (Doctrina Panameñista), que por más de 80 años ha promovido un proyecto socio-político que nunca completa por la complejidad caudillista y autoritaria de su génesis.
La actual oferta electoral que presentan estos dos partidos no cuenta con una trayectoria de trabajo y experiencia en la esfera gubernamental, dista mucho de ese perfil estadista que demanda el país y que debería tener un candidato de partidos tradicionales, que han controlado la vida política en los últimos 40 años. Ambos dirigentes de línea refinada y oligarca, proamericanista, difieren con los intereses de su membresía; disyuntiva que crea disonancia y la disidencia que aprovechan otros partidos, incluso, los de antagonismo manifiesto a la convivencia democrática.
Se cuestiona la vocación de trabajo en favor de una política social del candidato del PRD, quien desaprovechó la oportunidad de realizar una tarea que le sirviera de trampolín político, desde el Municipio de Panamá. El rumor por sus acciones y la falta de autoridad moral de ese colectivo dificulta encajar en el discurso de mercadeo la propuesta que convenza al electorado del cumplimiento de la propuesta y la innovación de alcanzar el poder. Muchos –desde adentro– piensan que pudo haberse presentado una mejor oferta electoral.
Con respecto al panameñismo, el menosprecio acuñado por el narcisismo publicitario, echó a un lado a la vieja guardia del partido, quien ha demostrado que cuenta con un caudal que define y consolida con otras fuerzas el poder de convocatoria para buscar los votos “hasta debajo de las piedras”. Es la primera vez en la historia, que se presentan con un candidato incapaz de consolidar criterios con dirigentes internos que han conservado esa mística de encabezar nóminas y ganar elecciones. La cuestionada salida de la alianza con el actual gobierno y en las condiciones que sucedió es otra piedra en el zapato para esa oferta electoral.
Es una alianza que daría mucho que hablar, no por el poder de convocatoria y liderazgo político de sus dirigentes, sino por los resultados y la experiencia nefasta de sus administraciones de gobierno y que, sumado, pondría en dudas lo poco o nada que harían juntos en favor del pueblo. Quién diría, el torrijismo y el panameñismo en alianza para saciar intereses de una clase política que jamás ha practicado el ideario de sus progenitores.