Prejuicios, absolutismo y democracia
El avance de la humanidad se ha caracterizado, en la última centuria, por un enriquecimiento y perfeccionamiento extraordinarios de la civilización técnica y de los procedimientos metódicos para la adquisición de conocimientos en todos los campos de la ciencia. En cambio, en el campo socio-cultural, diríase que las corrientes de los sucesos discurren en forma cíclica o periódica como la oscilación de mareas. De acuerdo con esto, habrían de suceder siempre: guerra y paz, avance cultural y destrucción, virtud y depravación, reino de la razón y poderío arbitrario…
Sin embargo, la ONU nos ha legado un fundamento humano. A ella hemos de agradecer: la negación eficaz de toda una serie de prejuicios sociales, la declaración de los derechos del hombre, la eliminación de privilegios sociales, liberación de los campesinos, la emancipación de la mujer, y el reconocimiento del derecho de voto a todos los ciudadanos mayores de edad y en el uso de sus facultades.
Luego de constatar cuántos planos de la existencia han pasado a ser objeto de la ciencia y el aumento de las posibilidades de los ciudadanos para llegar hasta las fuentes de la educación, no parece completamente ilusoria la fe en el éxito de la lucha contra la educación insuficiente, como foco de prejuicios sociales.
La gran oportunidad de eliminar los prejuicios se halla contenida en la educación de un pensamiento y un modo de obrar consciente de su responsabilidad. Por medio de la educación habría de lograrse, poco a poco, la canalización sana de la emotividad e impulsividad, y combatir como enemigos la pobreza, el hambre, enfermedad y miseria, pero no al hombre como hermano, sin diferencia de origen, religión, raza o sexo.
La democracia y el respeto a los derechos humanos (independientemente del sentir religioso y el desarrollo cultural y político de cada pueblo), se está haciendo sentir en todo el mundo. Los últimos movimientos de masas en Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Bahréin, Irán y Siria son vivos ejemplos de ello. ¡Es el mandato de la historia y de la emancipación integral del hombre en todos los confines del planeta!
El final de Saddan Hussein, de Irak; Muamar el Gadafi, de Libia; y Hosni Mubarak, de Egipto, después de décadas de absolutismo e inhumano régimen de represión contra sus respectivos pueblos, constituyen vivos ejemplos para los gobernantes en cualquier país del mundo.
En atingencia a Panamá, necesitamos cambiar de políticos y de política. ¡Los nuevos problemas necesitan nuevas capacidades, o cuando menos, nuevos pensamientos!
Pedagogo, escritor y diplomático.
