Preocupa la institucionalidad
Lo sucedido en la comarca con los grupos indígenas y el presidente constitucional de la República de Panamá es inaceptable desde todo punto de vista y no debe pasar inadvertido ni convertirse en una anécdota más de un gobierno deficitario en sus promesas básicas. El cargo de presidente de la República no va asociado al nombre que lo ostenta. Nuestro sistema político es de una democracia representativa republicana. El presidente no es un ser cuyo mandato viene directamente de Dios ni por linaje. Entonces son las instituciones las que deben garantizar la continuidad del sistema.
Bajo ninguna circunstancia puedo aceptar que se haya intentado agredir al presidente de la República. Fue una acción grave que no debía terminar de otra manera que en arrestos y posteriormente procesos judiciales. Las instituciones están por encima de las pasiones e intereses menores.
Pero también es importante que al presidente no se le exponga a la posibilidad de estos eventos. El presidente Juan Carlos Varela debe tener al grupo más idóneo para garantizar que el primer mandatario no pase por estas situaciones. La actuación de la inteligencia gubernamental ha quedado en duda. Lo mínimo que debe haber son sanciones y destituciones. No debe ser difícil dentro del propio círculo de poder identificar a los responsables del fallo monumental.
En política pasa lo mismo que cuando usted cuenta un chiste. Si tiene que salir a explicarlo, no fue bueno. Y ver a la vicepresidente de la República y a la ministra de Ambiente explicando por los medios de comunicación lo actuado, deja un sabor a falta de consenso, tal cual como lo percibe el resto de la población.
Más allá de la duda sobre las razones por las cuales se programa el cierre de este acuerdo llevando a presidente y vicepresidente a un lugar donde, al no tener un acuerdo que apoyara la amplia mayoría de la población, lo saludable era enviar al viceministro de Asuntos Indígenas (que por cierto, la Constitución habla de un instituto) o al ministro de Gobierno en el mejor de los casos.
Más allá de cuestiones logísticas, me preocupan los niveles de intolerancia en la comarca, en particular y en el país en general.
Es un buen momento para que el Gobierno evalúe la situación anímica de la población, que resiente la caída económica que mantiene un optimismo con cautela ante un futuro que debería ser mejor que el presente, pero hasta ahora no está tan claro este pronóstico.
El Gobierno debe generar optimismo. Y esto no se logra con simples discursos, carentes de contenido creíble y precedido por medidas que van en contravía a promesas previas. La credibilidad es indispensable cuando se gobierna, y hasta ahora no se ha cumplido casi ninguna de las promesas de campaña que se presentaron el año 2014.
Insisto en la necesidad de redefinir el equipo gubernamental y los objetivos que se quieren cumplir de aquí al final de la gestión. Es un error pensar que en un país como Panamá con la cultura política existente, se gobierna hasta el último día al igual que al principio.
Además de capital político, se pierde interés y se generan nuevas expectativas hacia la posible administración entrante. Lo único que sí es claro es que el final de toda gestión solo sirve para perder o mantener apoyo popular. Lo que no se hizo antes así queda.
Ingeniero de Sistemas. Estratega-consultor político.