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Presidente de la República (2014-2019)


Aunque son muchos los que acarician la idea de ser presidente de la República (2014-2019), solo uno de ellos será elegido. Ya se anuncian algunos nombres de personas de los distintos partidos políticos y de ciudadanos independientes como precandidatos a la Presidencia. Como quiera que la política se presta al análisis día a día, todavía es prematuro señalar al ciudadano interesado con mayor opción de ocupar el más alto puesto del país, a partir del 1 de julio de 2014. Sería de desear, sin embargo, que quien fuese el llamado a afrontar las graves responsabilidades del gobierno del país, posea las virtudes públicas y privadas que deben adornar a tan singular ciudadano. Que sea una innegable demostración de confianza en sus capacidades de estadista y una revelación de las esperanzas patrióticas que el pueblo, el soberano, finca en el escogido para regir sus destinos.

Los gobiernos que se han sucedido en la República, después de recuperada la democracia (desde 1989 a la fecha), no tuvieron la sagacidad para descubrir las corrientes silenciosas e invisibles que vienen modelando nuestra vida y nuestra historia. Tal vez creyeron que los tiempos son siempre los mismos, y se aferraron a las mismas gentes y a las mismas prácticas. Sin duda, les faltó la visión real de las cosas y les faltó la comprensión de los fenómenos morales que se cumplen diariamente sin estrépito, se acumulan como fuerzas eléctricas, y matan cuando estallan. Tales fueron los errores y las culpas de esos gobiernos, y ya hemos visto el fallo inexorable que en contra de ellos, en su oportunidad, ha dado la opinión pública. Pero no es este el momento de hacer el recuento de errores ajenos con ánimo vindicativo. Tengamos presente esos errores solo para no caer en ellos y para encontrar la clave que nos conduzca a soluciones acertadas.

Los tiempos han cambiado y revelan con elocuencia irresistible que el país tiene necesidades de renovación. Renovación de hombres y mujeres, de prácticas, de costumbres y de sistemas. Renovación es la idea que corresponde al anhelo actual del pueblo panameño. Más todavía: La renovación es la ley eterna de la vida que se cumple en los mundos siderales y en todas las formas de la materia y que se impone también en los pueblos, en las sociedades y en los individuos.

Nuestra sociedad política ha llegado al periodo en que necesita renovación, y quienquiera que fuere elegido presidente de la República, en 2014 (ideamos un hombre educado, culto, honesto y capaz), tendrá forzosamente que interpretar con sabiduría los signos de los tiempos. Por eso, y por mucho más, la labor que se presenta al ciudadano más autorizado y más visible del país para el periodo presidencial indicado, es de colosales proporciones.

Panamá precisa urgentemente la acción de un gobernante que resucite esperanzas, un baluarte y escudo que defienda la integridad de sus instituciones, de su honra, de sus derechos y de sus intereses; un conductor nacional que sea el promotor más eficaz del bienestar público, el agente más activo del desarrollo integral del país, el intérprete más autorizado de las aspiraciones y de las tendencias nacionales, y por eso las elecciones nacionales de mayo de 2014, tienen una importancia cívica vital para el futuro de la Nación panameña. Se requiere la mayor participación activa de la ciudadanía consciente, por todo lo que significa el valor del voto popular.

El presidente de la República (2014-2019) deberá cumplir su programa de gobierno, que anhelamos constructivo; que corresponda a las necesidades reales del país y que se cumpla aprovechando las lecciones de la experiencia para no incurrir en pasados errores; un programa de reformas políticas y administrativas que conduzcan a la elevación del nivel moral de nuestros hombres y mujeres, y de nuestras comunidades para que el país se haga digno de ser amado y exaltado por sus buenos hijos y respetado por los extranjeros..