Presión alta
La Organización Mundial de la Salud repica campanadas de alarma: uno de cada tres adultos tiene la tensión arterial elevada, la cual es causante del 50% de fallecimientos por accidentes cerebrovasculares y cardiopatías. En casa, la situación es, asimismo, muy preocupante: según el Instituto Gorgas, 700 mil panameños padecemos hipertensión arterial. Gran parte de los hipertensos toman pastillas para controlar las altas y bajas de la tensión, pero hay personas que confunden la tensión con un dolor de cabeza y no recurren a medicamentos especializados. En el pasado, la presión alta fue una constante que afectaba solo a los adultos mayores. Las encuestas médicas indican que hay jóvenes entre 18 y 29 años en una tasa de 7% , pero en proceso ascendente, con secuelas que provocan daños en los vasos sanguíneos, corazón, cerebro, riñones, retina, que se convierten en afecciones crónicas en esos y otros órganos.
El sistema integrado de salud, organismos de derechos humanos, instituciones de la empresa privada, gremios, sindicatos, medios de comunicación social, sociedad civil, tenemos el inesquivable deber de mancomunar esfuerzos articulados de campañas preventivas para reducir los estragos de la hipertensión arterial. Campañas de concienciación a nivel personal y colectivo resultan indispensables para combatir este enemigo invisible que se oculta en un plato de frituras que lleva a la obesidad. Quizás la dieta integrada por tortillas, patacones, tajadas, pan untado de mantequilla o queso, comida chatarra y una variedad amplia de alimentos cargados de sodio arma la munición más mortífera que se dispara contra el corazón, el cerebro, los riñones. Incumbe a las autoridades encabezar la reorientación de los alimentos, a base de una pedagogía sencilla, pero convincente, con el asesoramiento científico de la OPS.
Más complejo es el combate contra el estrés. Paradójicamente, el progreso de la sociedad urbana cultiva la antítesis neurológica. El sistema nervioso recibe una sobrecarga de mensajes que lo aturden y desordenan. Informaciones de inminentes ataques nucleares fomentan el pánico. Noticias de incendios de desperdicios, humaredas que cierran el pecho, violaciones, tranques vehiculares, balaceras, adicción estudiantil, cierres de calles, destrucciones del medioambiente, denuncias de corrupción reales o inventadas, bochinches de candidatos, ruptura de matrimonios, pensiones alimenticias no pagadas, desempleo y despido, pereza, ausencia de una cultura de ejercicios físicos, se unen en una casuística innumerable que colabora en el crecimiento de las estadísticas de una crónica hipertensión ambiental.
No existen estadísticas sobre el impacto de la crisis del transporte terrestre en las tempestades de cólera de hombres y mujeres traumatizados por el bus que no llega, el taxista que rehusa atender el servicio, empujones y manoseos al subir. Miles de esos mártires del transporte son candidatos a la presión alta o ya la padecen. El uso excesivo de celulares y la recepción de informaciones a través de las redes sociales tienen, también, una cuota influyente en la subida de tensión. Se requieren cambios cualitativos en alimentación, convivencia social, mensajes informativos y tráfico urbano para amainar nocivo ascenso de la hipertensión arterial.