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Presupuesto, el debate equivocado


No hay que engañarse. Aunque el alto presupuesto que actualmente se discute en la Asamblea Nacional llegase a aprobarse, el país seguirá siendo lo que ya conocemos y padecemos. Desde la época de la democracia (los años 90), hemos visto crecer -año tras año- el presupuesto asignado a los diversos gobiernos que hemos tenido. Pero ninguno hasta hoy ha podido resolver, o tan siquiera mejorar, el problema esencial que tiene el gobierno panameño: manifiesta incompetencia en la gestión pública.

Desde este escenario, es absurdo suponer que un mayor presupuesto nos permitirá cambios profundos en el sistema público que regenta la operación y la inversión del Estado. Supongamos más presupuesto al municipio capitalino. ¿Acaso más dinero para una burocracia enferma e ineficaz nos permitirá salir del atolladero social que nos impone la corrupción, la improvisación, el desequilibrio social y económico del país?. La mediocridad del debate es inútil para una nación que vive harta del desenfreno del gasto público en obras que no resuelven ni tan siquiera el problema urgente de la basura, la seguridad, el vergonzoso servicio que presta el Seguro Social, el criminal servicio del transporte público, y el largo rosario de problemas difíciles de enumerar aquí. Más dinero o presupuesto es el debate equivocado. Pero resulta impensable que los diputados actuales promuevan una discusión que nos permita reconstruir el Estado (desde sus raíces hasta sus líderes) para que asuman que el presupuesto debería estar al servicio de las necesidades del pueblo, y no de los negocios o del clientelismo político.