Prevención terciaria: ¿Menos delincuencia?
La Prevención a nivel terciario se realiza en los Centros Carcelarios y de Cumplimiento en nuestro país. Muchos funcionarios y aún los que se relacionan diariamente con estos procesos, no creen o tienen fe en este tipo de prevención. Y es que para llevarla a efecto hay que poseer un presupuesto adecuado para el desarrollo de programas efectivos que tienden a mejorar el cuadro conceptual y mental de los internos en cuanto a valores y en cuanto a la valoración de la vida misma. Los procesos de Resocialización que introducen programas, actividades y diferentes prácticas, son importantes para que los jóvenes desde edades tempranas, puedan ser reintegrados y asimilados por el entorno social. Muchos piensan que esta ingente tarea constituye una pérdida de tiempo, dinero y esfuerzo, pero devolver vida y esperanza a estos jóvenes, significa construir para la patria y prevenir que vayan a engrosar las filas de la delincuencia. En nuestra América Latina en muchos países, se realizan estos programas de prevención terciaria y además existen las penas alternativas y la justicia restaurativa en los casos que se pueda implantar. En los programas participa activamente la familia del joven según el diseño elegido. Estos programas deben incluir objetivos claramente definidos en función de la prevención, una metodología de trabajo con la familia y la comunidad, el financiamiento del programa y su permanencia.
En Panamá, el Instituto de Estudios Interdisciplinarios realiza programas en los Centros de Cumplimiento del país con personal calificado y con muchas limitaciones sobretodo de tipo presupuestarias. Es necesario conocer a fondo la situación de los jóvenes en estos centros en los cuales existen muchas carencias que influyen en los resultados que se puedan obtener en relación a la prevención terciaria en estas instituciones. Desde estructuras físicas enfermas, falta de equipos, bibliotecas especializadas y virtuales, personal custodio suficiente y rotativo, personal especializado que pueda atender la creciente población de menores infractores, facilidades deportivas y de estar para combatir el ocio tras las barras carcelarias, y muchas otras carencias existentes, presentes sobre todo en el sitio carcelario.
Nos olvidamos casi siempre de esos jóvenes reclusos en los centros, provenientes de medio ambientes de gran dificultad, en hogares desintegrados en donde las madres solteras hacen lo imposible para sostenerlos. En donde se van relacionando con pandillas y grupos que otorgan identidad y aceptación. Solo medimos y accionamos sobre el hecho delictivo realizado y no nos detenemos en sus razones u orígenes. Pensamos en el castigo y su permanencia merecida en retribución al daño causado. Miremos hacia el futuro y busquemos una salida de esperanza a estos jóvenes panameños.
*Decano de la Facultad de Odontología de la UP.
