Principios de democracia
La Constitución establece que nuestro gobierno es democrático y representativo; es decir, por el pueblo y para el pueblo. Que el Poder Público solo emana del pueblo, quien voluntariamente delega dicho poder para su efectivo ejercicio. Que la razón primordial por la cual se constituyen las autoridades es para proteger en su vida, honra y bienes a los asociados. Que los servidores públicos no solo son responsables por incumplimiento de la Constitución o de la Ley, como cualquier otro particular, sino también por extralimitación u omisión en el ejercicio de sus funciones.
Lo anterior no es letra muerta, sino más bien la base sobre la cual descansa nuestra democracia. Sin embargo, así como en los procesos de producción masiva ocurre el fenómeno de la alienación, donde el obrero se desprende sicológicamente de lo que él mismo ha creado, así también tiende a ocurrir con el Poder Público. El elector emite su voto y deja allí también depositada en esa oscura urna su única manifestación del Poder Público, que por Derecho Natural le corresponde siempre y en todo momento. No comprende, entonces, que aquellos que resultan electos “servidores públicos” están llamados a ejercer el poder dentro de los límites descritos por la propia sociedad, materializados en la Constitución y en la Ley.
El pueblo queda entonces alienado; separado del Poder Público que de él precisamente emana. Piensa, erróneamente, que solo le corresponde ejercerlo a través de su voto cada cinco años. Cae el votante en una fría hibernación política, en un mudo silencio que no sabe expresar su disconformidad sino cada quinquenio. Las autoridades, como servidores públicos que son, no están allí para ser discrecionales en sus acciones, sino que se deben íntegramente al principio de legalidad. En otras palabras, en ejercicio de sus funciones solo pueden hacer lo que la ley dice.
Exigir a viva voz el responsable ejercicio del Poder Público es definitivamente uno de los derechos más fundamentales de los sistemas democráticos. Es por ello que el elector no debe mantenerse callado ante los abusos de cualquier naturaleza que vengan de parte de aquellos en los que él mismo ha delegado ese poder, por el bien de la convivencia social.
Volvamos pues a los principios básicos de la democracia. Se debe exigir al servidor público siempre y en todo momento el cumplimiento puntual de la Constitución y de la Ley y el ejercicio responsable del enorme poder que el pueblo solo delega en él. No solo a través del voto se manifiesta la conciencia ciudadana del Poder Público que le pertenece, sino con cada voz de protesta que reclama contra la impunidad, contra la corrupción, contra la pobreza y la desigualdad.
Lo mismo tiende a ocurrir en los partidos políticos, en los que las bases simplemente olvidan ese poder que solo a ellos y a nadie más le pertenece y que el voto es simplemente una manifestación del mismo.
Abogado