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Principios y fines de la misión de educar

Por: Redacción 25/04/2016

Es importante señalar, tomando en cuenta la profunda crisis por la que atraviesa la educación nacional en la actualidad, algunos principios y fines de la actividad de educar, del proceso de enseñanza-aprendizaje, para conocimiento principalmente de los educadores y padres de familia. Enumeramos los que consideramos más relevantes:

El fin esencial de toda educación es preparar al niño a querer y a realizar en su vida la supremacía de espíritu. Aquella debe, pues -cualquiera que sea el punto de vista del educador- aspirar a conservar y aumentar la energía espiritual del niño. La educación debe respetar su individualidad. Esta no puede desarrollarse más que por medio de una disciplina que facilite la libertad de las fuerzas espirituales de aquellos.

El programa escolar debe dar libre curso a los intereses innatos del niño, es decir, a aquellos que surgen espontáneamente en ellos y que encuentran su expresión en las más diversas facultades intelectuales, manuales, estéticas, sociales o de otro género. Cada edad tiene sus caracteres propios. La disciplina personal y la colectiva deben, pues, ser organizadas por los mismos niños (autodisciplina), con la colaboración de los maestros, tendiendo al autogobierno de la comunidad escolar (maestros y alumnos). Toda competencia egoísta debe ser desterrada de la escuela y sustituida por un espíritu de cooperación que dirija al niño a ponerse al servicio de la comunidad.

Defendemos la cooperación de los dos sexos, es decir, la educación en común; por tanto debe darse facilidades a cada sexo para ejercer su saludable influencia sobre el otro. La nueva educación desarrollará en el niño no solo al futuro ciudadano y ciudadana, capaz de cumplir sus deberes para con sus prójimos, su nación y la humanidad en su conjunto, sino también al hombre y la mujer conscientes de su propia dignidad.

Introducir sus principios y los métodos que mejor se acomoden a ellos (niños) en las escuelas existentes. Realizar su cooperación más íntima entre los educadores de los diferentes grados de la enseñanza y entre los padres y los educadores. Fomentar las relaciones y un sentido de solidaridad entre los educadores con ideas pedagógicas modernas, etcétera.

Finalmente, bueno es señalar que la tendencia universal de la educación nueva se encamina y afirma en el concepto de "globalización", sin que ello signifique que sustituya el amor a la Patria o el sentimiento nacionalista, sino que urge ponerse de acuerdo en hacer fraternizar los fines educativos en la formación del hombre y la mujer del porvenir. La educación humana, la preparación para la vida conexa de los pueblos, no quiere atentar contra el sentimiento de Patria, sino que antes respeta y reconoce las culturas nacionales como base del perfeccionamiento universal.

El hombre y la mujer modernos empiezan a ser económicamente internacionales, pero continuarán siendo ?y quizás por mucho tiempo- políticamente nacionales y emocionalmente individualistas.

*Pedagogo, escritor, diplomático.

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Viernes 24 de julio de 2026