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Prioridades de la vieja Europa de hoy

Por: Redacción 04/07/2015

Europa hoy tiene una clara obligación de auxiliar a quienes buscan protección. Mirar para otro lado representa una amenaza a las bases del sistema humanitario que los europeos lucharon por construir para toda la ciudadanía. Naturalmente, cada Estado tiene la responsabilidad de proteger el bienestar de su población y esta incluye la soberanía fiscal, que no debe ser subordinada a actores externos, pero la solidaridad es un abecedario perfecto que ha de tomar vida en todo gobierno que se preste de europeísta. No se trata de ser caritativos, sino de ser personas solidarias, lo que implica respeto por la ciudadanía y fraternización, términos claves en la esperanzada Europa de los pueblos.

Hagamos meditación histórica. En el proyecto de los artífices de esta vieja Europa, que sin duda ahora hemos de reconstruirla entre todos cada día, siempre estuvo ese espíritu de concordia, de servicio mutuo, de ayuda incondicional en favor de la libertad y la dignidad humana, sin otra frontera que la unión por principio. Eran conscientes de que las contiendas se alientan desde la indiferencia y de que las guerras se alimentan de las divisiones de unos y otros por los intentos de apropiarse de espacios y poderes, que nos llevan al retroceso humano. Por eso, cuesta entender que, bajo estas bases de solidaridad democrática, el continente europeísta no apueste por más unidad y más apertura, ante los desafíos de un mundo globalizado.

En todo caso, la Europa de las diversas velocidades no es la Europa que han querido construir sus fundadores. A mi juicio, ante este cúmulo de desajustes y desconciertos, el continente ha de reaccionar con otro espíritu más valiente, para hacer frente con la vitalidad y la energía del pasado, a los muchos problemas actuales. Unidos, nada se nos puede resistir. El mundo de los emprendedores siempre ha partido de este viejo continente, el que ahora parece estar cansado y, lo que es aún peor, sin nervio; para poder reiniciar una apuesta contundente, en vista de que la ciudadanía pueda ser auténticamente solidaria y libre.

Hoy Grecia lo está pasando mal, debido en gran parte al colapso financiero de 2007-08, del cual no fue responsable la nación helena, mañana puede ser otra nación; de ahí, la necesidad de reflexionar sobre la solidaridad, ya no como simple asistencia con respecto a los más necesitados, sino como conciencia global de algo que no funciona. No se trata de dar limosnas sociales, la ciudadanía pide dignidad, como es propio de un estado social, democrático y de Derecho. Por consiguiente, Europa debe volver a sus raíces de unidad y de ciudadanía, con una visión mucho más ética de las instituciones, de sus actividades y de las propias relaciones humanas. No obviemos, en consecuencia, que la ciudadanía de la unión se crea, precisamente, para reforzar y potenciar esa identidad europeísta (solidaria), haciendo que los ciudadanos (solidariamente) participen más estrechamente en el proceso de la integración comunitaria.

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Viernes 31 de julio de 2026

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