Probidad
Cuando yo era aún muy joven oí decir de uno de nuestros conciudadanos cuyo nombre no recuerdo, que era una persona muy apreciada y respetada por su reconocida integridad. Desventuradamente, en un periodo de su vida se vio tan afectado económicamente que contrajo muchas deudas que le resultaban muy difíciles de pagar.
Por fortuna para él, los tiempos cambiaron y se fue convirtiendo en persona solvente lo cual le permitió comenzar a pagar sus deudas. Y en una ocasión se le presentó un ciudadano con dos o tres letras de cambio ya vencidas, firmadas por él, requiriéndole el pago de las mismas. Al verlas le dijo que las atendería más adelante, pero que tendría que esperar que transcurriera cierto tiempo para entonces recibírselas y pagárselas. Al preguntarle el interesado por qué no se las podía pagar de inmediato, le respondió que primero le pagaría a aquellos acreedores con quienes se sentía más moralmente obligado.
Ante tal respuesta, el tenedor de las letras miró hacia el cubo de basura de su deudor, las rompió, las echó en el basurero y le dijo: -Ahora yo no tengo prueba alguna de que usted me debe dinero. - Y le pagó.
