Problema de técnicos de enfermería no es dinero
Atacar un barco hospital en un conflicto bélico se considera un crimen de guerra y, sobre todo, un acto cobarde, por ejercer fuerza letal sobre personas indefensas y desvalidas, cuánto no más será el agravio en tiempos de paz.
Traigo esto a colación porque nuevamente servidores de la salud, hoy los técnicos de enfermería, se lanzan a una huelga de brazos caídos en contra de los derechohabientes de la Caja de Seguro Social y del Minsa, con el propósito de que el Gobierno les cumpla un aumento salarial acordado en una mesa de negociación, donde la fuerza por la amenaza de huelga superaba la realidad de los guarismos, la escala salarial, el pénsum y la competitividad.
Toda esta lucha es parte de una interminable cadena de aumentos salariales; que cuando no son los técnicos son las enfermeras y cuando no son las enfermeras son los médicos y cuando no son los médicos, las 3 organizaciones se juntan para caerle en plancha a la plata de los asegurados que sufren:
1- Pensiones de hambre.
2- Falta de medicamentos.
3- Falta de insumos.
4- Mantenimiento y reparación pronta de los equipos médicos hospitalarios.
5- Mora quirúrgica
6- Ausencia laboral médica y hospitalaria constante.
7- Falta de médicos especialistas distribuidos matemáticamente dentro de la población geométrica de los derechohabientes.
8- Falta de una limpieza ordenada y científica de todo el sistema hospitalario con productos de limpieza especializados para hospitales.
9- Ascensores modernos con la capacidad de atender a personas hábiles y no hábiles que llegan al Complejo en busca de atención.
10- Frenar el paso indiscriminado de cadáveres por los pasillos y ascensores del Complejo sin ningún protocolo fundamentado en la salud y la dignidad hospitalaria.
11- El bochornoso espectáculo de octogenarios y nonagenarios o parecidos que en muletas, sillas de ruedas y unos con tanques de oxígeno, llegan en busca de socorro cuando están ya más próximos a la extremaunción, lo que se pide en una extensión hospitalaria única y especializada para ellos.
Sobre esta plataforma de penas y dolores, la queja constante sobre el mal trato del personal administrativo, de ventanillas y auxiliar y que a la hora del almuerzo nadie atiende a nadie; mientras en farmacia también salen a almorzar durante una hora que se las paga el asegurado, un pastor evangélico gritó en su espera angustiosa: "¡Aquí se paga por sufrir!". Pienso yo que toda la estructura del mismo sistema hospitalario está obsoleto, viejo y enfermo, igual que cualquier asegurado que se estanca en un pasillo de la sala de urgencia de la Especializada y se sienta a morir como los intocables en las callejuelas de Calcuta, donde solo esperaban que una lágrima de la Madre Teresa cayera sobre su frente y apagara con su frescor la fiebre que los devoraba, para así morir en los brazos de su misericordia.
Pero aparentemente, la solución a todos estos problemas no es la Ciudad Hospitalaria, que había proyectado Ricardo Martinelli, sino una escalada de aumentos salariales al que apoyamos de todo corazón, pero que no nos pase lo de la fábula del padre rico, que murió en la inopia después de que hijos y familiares le fumigaran su fortuna.
Resumiendo: no me explico cómo grupos organizados les meten los pelos para adentro a las autoridades sin que Seguridad Nacional diga presente, principalmente en los casos que atentan contra la salud pública, así como lo hace una epidemia en una población.
Los gobiernos de turno que viven pensando solo en las próximas elecciones se convierten en nodrizas de los grupos calientes mientras dejan sin calostro a las grandes y sufridas mayorías.
Por eso me atrevo a pensar que en la unión entre los omaristas del PRD y los varelistas del panameñismo existe una total incongruencia política porque si miraran con las luces largas, como decía Omar, las obras de Ricardo Martinelli no estarían aprisionadas en el puño del nuevo gobierno, que como dicen los positivistas "es que no es lento, sino que va tan rápido que se queda en el mismo sitio con las luces cortas".
Y ese es el gran problema de la organizaciones técnicas ? médicas ? hospitalarias, que al hospital lo miran con luces cortas y a sus propios intereses con luces largas.
Periodista