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Procesiones: fieles unidos por la fe


Características de las fiestas religiosas patronales son las procesiones. Son muy esperadas y muchos suelen utilizar la oportunidad de las procesiones como su prueba de pertenencia a la fe católica, sin activarse en otras obligaciones.

Hemos oído muchas veces a personas respetadas decir como prueba de su fe: “Yo camino la procesión de mi Señor de Atalaya”, “Yo la del Nazareno de Portobelo, o el de Antón o de alguna de las famosas procesiones del país. Examinando qué es o qué quiere ser la procesión, es una suplicación solemne hecha por el pueblo fiel bajo la dirección de los ministros, yendo en orden de un lugar a otro y destinada a excitar la piedad o recordar las bendiciones de Dios y darle gracias, o a implorar el auxilio divino. Procesión es el acto de ir ordenadamente en asamblea de un lugar a otro en celebración religiosa.

Queda claro que en la procesión debe tener su solemnidad, ya que se reserva para ocasiones especiales y se realiza de manera solemne, recalcando la importancia del evento. Es además hecha por el pueblo fiel, por la asamblea. Es una acción eclesial, de la comunidad cristiana. No es una actividad realizada por individuos motivados por sus propios intereses, sino por un grupo de fieles unidos por una fe común y su pertenencia a la comunidad cristiana.

En la procesión se camina de un lugar a otro. Hacer procesión es partir de un lugar para llegar a otro. La procesión es símbolo de la Iglesia que peregrina en el mundo o por la historia hacia la patria definitiva del cielo. Es el pueblo en movimiento construyendo progresivamente el reino de Dios. Las procesiones expresan un aspecto fundamental del pueblo cristiano, no es un pueblo “instalado” en un lugar sino peregrinante, un pueblo en marcha. Esto ya era una característica del pueblo de Dios.

El pueblo de Israel es imagen del pueblo de Dios del Antiguo Testamento. El pueblo de Israel era imagen del nuevo pueblo de Dios, la iglesia de Cristo. También los cristianos son nómadas porque sabemos que no tenemos aquí la morada definitiva. Jesús pasó de este mundo al Padre, la Iglesia debe ir realizando progresivamente este mismo paso, en cada uno de sus miembros y en toda la comunidad. Es la Iglesia entera que avanza por el desierto del mundo, hacia la verdadera tierra prometida.

Se camina no por una mortificación fuera de lo normal sino el caminar como símbolo de conversión y de progreso en la fe. Celebremos nuestras procesiones no como espectadores que van a ver quién va y quién no va sino participando como quien tiene una fe viva que camina hacia Dios constantemente.

Sacerdote jesuita.