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Prodigios


No pocas veces nuestra angustia existencial genera una insatisfacción que afecta a nuestro ser, y hasta puede tener manifestaciones somáticas. Que si Dios existe o no existe, que si el problema del mal, el éxito, la riqueza, el dolor o la muerte. Así andamos corroídos por la abulia y el desasosiego.

Recuerdo la historia de un hombre que caminaba por el bosque lleno de tristeza porque no encontraba sentido a su vida. La melancolía lo dominaba cuando, de repente, encontró una hermosísima esmeralda en el suelo. La cogió, la limpió y se embelesó en su belleza, profunda de mares y de océanos, que lo atraía hasta que sus lágrimas de emoción vieron en aquella hermosura sin fin el rostro de una mujer que lo conmovió profundamente.

- Soy el espíritu benefactor del bosque, - le dijo al hombre -, puedo concederte lo que me pidas, hombre triste.

- ¡Maravilloso ser que sosiegas tan sólo con tu mirada! Concédeme aquello que te parezca mejor.

Y el hada respondió:

- ¡Pero si eso fue lo mismo que me pediste cuando eras un sapo y te convertí en hombre! Tu egoísmo te impide contemplar, en cada instante, la belleza que tienes y que te rodea.

*Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS.

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