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Producción energética

Por: Redacción 07/06/2016

La matriz de energía eléctrica de Panamá está compuesta en un 57.1 % de fuentes renovables (hidroeléctricas), 39.8 % de generación térmica (búnker C ) y 3.0 % de eólica (viento), de lo que se desprende que somos altamente dependientes de la energía producida por el agua de los ríos y sus afluentes. Esta dependencia hace que nuestra economía sea muy vulnerable a las condiciones que se presenten con el cambio climático.

Creemos que el no contar el país con la generación hídrica necesaria, las alternativas de producción eléctrica serían en primera instancia la generación térmica, luego la generación eólica, la solar y uso de gas natural.

Lo que consideramos más viable, a un corto plazo, es que el Estado garantice el suministro de energía al país a través de la importación de energía contratada de Centroamérica y Colombia, estableciendo una interconexión con la ampliación de la red de transmisión de energía.

A un corto y mediano plazo, la alternativa sería aumentar la matriz energética del país, con la ampliación del número de plantas térmicas que puedan darle al país la seguridad, si así lo obliga la escasez o ausencia de lluvias, esto acompañado de un cambio en las plantas ya existentes, del tipo de combustible a utilizar, que sea más amigable con el ambiente, así como la creación de un ambiente que permita la construcción de nuevos embalses en los ríos que presenten el adecuado caudal hídrico para la generación de energía eléctrica. Todo esto de la mano con la ampliación de la línea de transmisión y la creación de modificaciones dentro de la red de transmisión ya existente para la inserción de esta energía producida y que garantice una transmisión segura y estable.

Ninguna alternativa es factible si no se cuenta con una disposición de compromiso real de parte del Gobierno en llevar a cabo, sin espera, cualquier opción que permita lo más pronto posible la incorporación de energía confiable y accesible, que permita el desarrollo pleno y sostenible de nuestra economía. Y a la vez, sin descuidar las poblaciones que son influenciadas por las actividades propias de dicha actividad, y que se oponen al desarrollo de los proyectos porque sienten que sus intereses y derechos no son tomados en cuenta. Mientras estas comunidades no sientan un beneficio tangible en sus vidas y que sus derechos son respetados, estos proyectos serán caldo de cultivo para explosiones sociales de sus residentes inconformes. Por tanto, nos corremos el riesgo de que el país se paralice por falta de una suficiente oferta eléctrica.

Estudiante de Maestría en Gerencia Estratégica de la Universidad Interamericana de Panamá.

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