Producto de nuestras decisiones
Contribución de la Comisión de Valores Cívicos y Morales del Club Rotario de Panamá.
En la formulación de una estrategia de vida, lo primero que debemos tener es una Visión, porque ella nos indica qué deseamos ser, o sea, en qué queremos convertirnos como individuos e incluso como sociedad.
Si bien para establecer una estrategia general para el logro de los objetivos de vida debemos hacer uso de una fórmula metodológica (estrategia) que nos ayude a plantearnos qué queremos, cómo obtenerlo, cuándo (un calendario de ejecución), quiénes (con quiénes contamos para lograrlo) y cuánto (cuál será su costo), en el caso de establecer la Misión y Visión de una persona que carece de estas, lo primero es conocerse a sí mismo, estableciendo quiénes somos, qué hacemos y dónde estamos ubicados en el presente, haciendo hincapié en proporcionarnos una identidad propia para el logro de un proyecto bien planificado.
LA VIDA HAY QUE ENFRENTARLA CON TESÓN, REINICIANDO EL CAMINO MIRANDO AL HORIZONTE, YA QUE EL PASADO NO EXISTE Y EL FUTURO SIEMPRE ESTÁ ENFRENTE.
La declaración de una Misión persigue establecer la estrategia para el logro de los objetivos propuestos, sin olvidar que en ese camino que trazamos obtendremos como resultado lo que suman nuestras acciones. Sí, indefectiblemente estamos atados a la ley de la causa y efecto, y nuestras decisiones son las que producen nuestros logros o fracasos, de ahí que no hay que culpar a Dios, la alineación de los planetas, nuestros familiares, los compañeros de trabajo o los amigos, y menos al gobierno o la economía mundial, porque nuestros rendimientos o fracasos son consecuencia de nuestros aciertos o fallos y no hay que darle vuelta a esa realidad.
Así pues, se trata del camino que decidimos tomar y de saber asumir las consecuencias de nuestras posturas y acciones; eso sí, tomando en cuenta que nada, absolutamente nada, es definitivo ni final, y que cada día nacemos de nuevo y somos capaces de redireccionar nuestro futuro. Una visión pesimista de nada sirve y si el andamio se nos cae encima, lo que cabe es levantarse, sacudirse el polvo y levantar el andamio de nuevo sin perder tiempo en lamentaciones ni excusas, pues no sirven para nada ni resuelven nada. La vida hay que enfrentarla con tesón, reiniciando el camino mirando al horizonte, ya que el pasado no existe y el futuro siempre está enfrente.