Profesionalismo para una política pura y fecunda
Quizás nuestro pecado original consiste en aquella inmoderada tendencia a colocar todos nuestros problemas orgánicos, desde los de orden doméstico hasta los que invaden las regiones de la especulación espiritual, en el terreno de la política, entendida esta como un fin de dominio y predominio, y no, como debiera ser para todos, como un medio de llegar por las vías más naturales y limpias de malezas a la posesión tranquila y estable del mejor régimen de gobierno propio. En consecuencia, nuestro pecado original se le puede llamar profesionalismo político.
Comencemos por señalar, entonces, lo “impura y nociva” que es la política que tiene por objeto cambiar las meras formas de un país y reemplazar en el poder público a los autoritarios arrellanados, sin variar las condiciones de injusticia en que padecen los demás. Sin embargo, es pura y fecunda la política que tiene por objeto poner en situación de vivir a quienes un estado inocuo de gobierno priva de los medios de aspirar por el trabajo y decoro a la felicidad. Esto significa que el deber del ciudadano y ciudadana honrados frente a lo impuro y nocivo no consiste en echarse a un lado de la política para dejar que sus parásitos la gangrenen, sino entrar en ella para sanearla.
Frente a lo puro y fecundo falta al deber ciudadano el hombre y la mujer que se niegue a luchar por una política propiciadora de felicidad a través del trabajo y del decoro. Además, es preciso creer y prever. En enseñar a los hombres y mujeres a creer está el secreto para la formación de los pueblos. Prever es la cualidad esencial en la constitución y el gobierno de los pueblos. Pero no hay pueblo donde no hay hombres y mujeres. No hay Constitución ni gobierno de un pueblo donde no hay estadistas. Y solo hay estadistas, según la concepción democrática, cuando en un hombre o una mujer se integran estas dos fuerzas morales: sagacidad e indulgencia.
La función primera de la política es sanear y poner en movimiento las fuerzas útiles que levantan a un pueblo y lo convierten en sostén y honra de la patria. Porque “la patria -como bien la definió José Martí- es ara, y agonía, y deber, y no pedestal no comodín”. En cuanto política, existen profundas diferencias entre una “política práctica”, muy común entre nosotros, y una “política social”.
La política práctica no es más que la lucha por el goce del poder: no sabe orientarse, y es impaciente, y se fatiga de esperar, y es irresponsable, y carece de toda función creadora. La política social es todo lo contrario: es previsora, y rehúye entrar por escotillón a gobernar, y avanza con bandera desplegada y a tambor batiente, y se prepara para tiempo largo, e inspira confianza, entusiasmo, respeto y fe en su intención enérgica de reformar juiciosamente.
La política es, pues, la combinación de ciencia y arte, y en su aplicación se exhibe la diferencia esencial que hay entre los hombres y mujeres secundarios y los hombres y mujeres superiores (en Panamá, los ejemplos están a la vista de todos los ciudadanos). En verdad, un país requiere para posibilitar su sosiego y prosperidad más que de un simple programa (o de eso que alegremente llaman hoy los politicastros criollos “propuesta”), de una política social y un gobierno.
EN SU APLICACIÓN SE EXHIBE LA DIFERENCIA ENTRE LOS HOMBRES Y MUJERES SECUNDARIOS Y LOS HOMBRES Y MUJERES SUPERIORES.
Pero hay algo más todavía: una política sin crimen. Esto es, un gobierno ejercido por ciudadanos aptos, probos y honestos. Porque no hay faena más complicada y sutil que la de gobierno ni cosa que requiera más práctica en el mundo, comprensión, tolerancia, sumisión y ciencia. No basta el mero instinto, sino el conocimiento o el genio del detalle; el genio, que en política es conocimiento y experiencia acumulados.
Ahora bien, el estadista no puede dejar de comprender la íntima relación que existe entre lo político y lo social. Lo social está en lo político y el trabajo es la piedra fundamental de la organización humana cuya expresión política es la nación. ¡Lecciones cívicas para la formación y una mejor orientación ciudadana!