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Prohibido olvidar


Manuel Antonio Noriega marcó la historia de Panamá con letras oscuras. Sus crímenes y atentados a los derechos humanos dejaron heridas difíciles de sanar para muchos panameños.

Desde el momento en que salió del país, esposado como un criminal y bajo una serie de cargos graves, empezó en Panamá una nueva era.

La democracia reinó en el país, con muchos tropiezos y desaciertos, pero las condiciones para los ciudadanos cambiaron para bien.

Después de la salida de Noriega, quedó un país destruido por una invasión, injusta y lamentable, en la que murieron cientos de personas inocentes. En El Chorrillo todavía existen las huellas de ese trágico episodio, en el cual bombas experimentales destruyeron edificios completos.

Una vez Noriega pise suelo panameño empezará otro capítulo en el país, pero esta vez bajo condiciones diferentes. Eso debe quedar muy claro. Panamá es un país democrático con una economía robusta y con ambiciosas proyecciones de desarrollo.

La justicia panameña debe jugar su papel, y actuar de acuerdo a las leyes vigentes. No es admisible desde ningún punto de vista sobrepasar los límites que permite la legislación penal.

Los procesos legales que se mantienen abiertos contra Noriega deben seguir su curso.

Sería iluso pensar que Manuel Antonio Noriega no recibirá protección especial en El Renacer. La seguridad en su entorno será extrema por razones obvias.

Todos quieren que Noriega hable y revele los “secretos” que ha conservado por años y que despejarían muchas dudas.

Panamá debe seguir adelante y la llegada del ex dictador no puede detener este país en pleno crecimiento. La historia no se puede borrar.