Prostitución e igualdad de género
Históricamente, la prostitución es considerada universalmente como la profesión más antigua del mundo, cuyo referente se puede identificar en casi todas las culturas y sociedades del mundo. Aunque sus modalidades puedan cambiar (legal o clandestina), dependiendo del nivel de aceptación social de cada colectividad en donde se manifiesta; en términos llanos, consiste en la compra y venta de sexo, algo así como una simple transacción económica, cuya única diferencia radica en la legalidad e ilegalidad de dicha profesión.
En Panamá, la prostitución es legal, lo que implica que cualquier mujer mayor de dieciocho años puede dedicarse a lo que ahora se denomina conceptualmente como sexoservidora; excelente término si lo que se busca es mejorar el ya lesionado y degradado estatus de estas mujeres. En este sentido, las sexoservidoras ya no son mujeres de la vida alegre, rameras, golfas, entre otros peyorativos calificativos populares, sino profesionales con cierto nivel de respetabilidad. Ahora bien, debe entenderse que, sociológicamente, estos apelativos ofensivos, lejos de ser tan solo una de las múltiples formas para deslegitimar su oficio, pertenecen a su vez a un tipo de control social informal, cuyo fundamento moral se encontraba establecido en evitar que las niñas, jovencitas y mujeres percibieran dicha actividad como algo loable y digno. De esta forma, debe entenderse que al reducirse institucionalmente el estigma que conllevaba la prostitución, se eliminan algunas barreras socioculturales importantes para evitar su propagación.
En este sentido, y a pesar de que se reconoce que la prostitución no es solo una actividad legal en nuestro país, sino en muchas partes del mundo, esta legalización de la prostitución propone no solo la aceptación legal de la cosificación de la mujer como objeto de deseo, cuyo cuerpo no solo es utilizado y reutilizado por los consumidores de servicios sexuales, sino que a su vez supone una lesión moral al espíritu o racionalidad de una sociedad basada en la dignidad, el respeto e igualdad de los géneros. Esto no solo implica una contradicción, sino que además propone un orden de cosas, en el que muchas mujeres se encuentran encadenadas a un destino socioeconómico que las obliga a entrar en una lógica basada en la explotación del cuerpo.
Ahora bien, para algunas feministas, la prostitución viene a ser algo así como un empoderamiento de la mujer sobre su cuerpo; por ende, entienden que la prostitución implica mayor libertad. Esta posición no solo es un exabrupto intelectual, ya que al hacer semejantes aseveraciones no solo se constituye un referente que supone que este oficio es tan solo uno más dentro de la variopinta gama de profesiones (sin implicaciones morales), sino que además postula la necesidad de concebirlo no como una aberración de las relaciones entre los géneros (ya que hombres explotan legalmente a mujeres), sino como un principio de igualdad inexistente.
...MIENTRAS SIGA EXISTIENDO LEGALMENTE, NO SOLO SEGUIRÁ SIENDO UNA OFENSA DIRECTA A LA MORAL DE NUESTRA SOCIEDAD, SINO ADEMÁS UN IRREDUCTIBLE IMPEDIMENTO PARA HABLAR DE IGUALDAD ENTRE LOS GÉNEROS.
Si nos ceñimos a un concepto antropológico que busque realmente la igualdad entre los géneros (masculino/femenino), habría primero que concebir la prostitución no como una profesión más, sino como un mal social heredado de una etapa primitiva de la humanidad, la cual, por razones culturales, y no naturales como supondrán algunos, se ha negado a morir.
Así, podríamos empezar a preguntarnos ¿por qué otras temáticas como el aborto, el matrimonio gay y la legalización de la marihuana, entre otras, parecen captar más el interés de la opinión pública que la temática de la prostitución? La posible respuesta a esta interrogante es que nuestra sociedad panameña, al igual que muchas otras, se encuentra muy enmarcada culturalmente bajo premisas patriarcales que suponen aún, en pleno siglo XXI, la supremacía del hombre sobre la mujer, la cual vendría a ser algo menos que un objeto de diversión. En este sentido, no solo la igualdad entre los géneros es una ilusión utópica, sino que al invisibilizar la prostitución como cosificación de la mujer, se crean las bases estructurales para su legítima y continua reproducción en la sociedad.
Posiblemente, para muchos la prostitución sea y seguirá siendo un mecanismo legítimo para saciar instintos sexuales; no obstante, mientras siga existiendo legalmente, no solo seguirá siendo una ofensa directa a la moral de nuestra sociedad, sino además un irreductible impedimento para hablar de igualdad entre los géneros.