Proyectos de paradigmas para el 2014
Sin duda alguna que el año 2014 traduce, para nuestro país, todo un cúmulo de cosas por darse. Así, por ejemplo, en este año elegiremos a un nuevo presidente de la República y con ello a todos los diputados, alcaldes y representantes de corregimiento.
Con entera independencia de quien haya de ser electo primer mandatario del país, no hay duda alguna en pensar que también aparecerán nuevas caras de ministros, viceministros, directores de entidades autónomas y semiautónomas, etc.
Como muestra de que ya arrancan los cambios, tenemos que para el día en que sale a la luz pública este artículo de opinión, ya hemos de conocer quién es el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
En la entrega de la semana pasada hicimos algunas reflexiones que estimamos oportunas a tomarse en cuenta y que, conforme he leído en varios medios de comunicación social, con toda modestia se han hecho eco o, al menos, todo indica que coincidimos en la manera de pensar: enfrentar la mora judicial, el tema de la carrera judicial y lo concerniente a la objetividad y transparencia en los fallos, no solo de la Corte, sino de toda la restante judicatura.
Siguiendo los prolegómenos filosóficos de Karl Popper –orientación optimista frente a todo-, soy del criterio de que debemos alistarnos y apostar por lo positivo. En efecto, de eso se trata. No somos anunciadores de catástrofes ni de apocalipsis panameñas que, conforme he visto, no son pocos los que empiezan a alentar un año triste. No puede ser así.
Si el candidato del oficialismo gana las elecciones, creo, sinceramente que debemos esperar más obras, y frente a ellas apuesto a que sean de estricto carácter social, más populares o, al menos, de efectos populares y que incidan en beneficio de nuestras grandes mayorías sociales. Si al gobierno actual lo ha caracterizado la construcción de valiosas obras: Metro, ciudad hospitalaria y cadena de frío, ensanches de carreteras, puentes, viaductos, etc. Soy del criterio de que para el próximo periodo de gobierno, de resultar electo, deben enfocarse en prestarles mayor atención a obras de carácter social, popular. Menos concreto, más comida y a precios más asequibles. Incidir, por otra parte, en una regulación jurídica que permita viviendas a costos atractivos para la población. Este es un sector que se ha disparado haciendo ilusas las posibilidades de adquirir una vivienda por parte de los sectores de las capas bajas y los sectores profesionales.
Si algún candidato de la oposición obtiene el voto favorable de la población electoral, soy del pensamiento que:
1. No podrá soslayar la eficiencia del gobierno actual en la dinámica del trabajo y la aparición de importantes obras que han significado un cambio sustancial en el modo de vida de muchos panameños, y por ello, la aparición en el escenario de cosas significará, para el nuevo gobierno, retos ante los cuales el pueblo panameño inmediatamente empezará a comparar, por lo que la pasividad o la ausencia de obras, en el primer año de trabajo, será una especie de catapulta para ese gobierno.
2. Deberá incrementar, también de modo inmediato, medidas y obras de carácter social, con beneficios que incidan en los sectores que provienen de las grandes mayorías marginadas del país;
3. Prestar atención y solución, de inmediato, al tema de la canasta básica. Con respuestas en el primer orden de la agenda de gobierno.
4. El compromiso aplica para el candidato del oficialismo y para los de la oposición, de una constituyente que permita la aparición de una nueva Constitución Nacional que sea constataria de nuevos paradigmas en la institucionalidad del país: Órgano judicial, Protección de los Ecosistemas, vivienda, cultura, salud, cosa pública, gobierno, etc.
Ambos sectores, del oficialismo y de la oposición, tendrán una guerra, cruenta y arreciadora, de propaganda política; lo que no deben soslayar, considero, es que el pueblo panameño no gusta mucho de ataques a la subjetividad, es decir, a la integridad del ser humano. Prueba de ello, considérese, es que cuánta cosa no se dijo en la contienda pasada del actual presidente Martinelli, y se siguen diciendo, pero el pueblo panameño nunca compró ni compra ese tipo de facturaciones por considerarlas ignominiosas, inmaduras, impropias y deleznables.
Lo que, como panameños, debemos tener presente, por favor, es que no se siga viendo a nuestra gente, a nuestro pueblo, como una aldea de tontos. Aquí hay gente pensante que, tal vez, pensamos por los que no piensan o no pueden pensar, entre tanto sus mentes están centradas en el día a día o en el cómo resolver el “venga tu reino, Señor”.
Queda abierto el debate.