Prudencia para Guatemala
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, enfrenta uno de los eventos más difíciles de su administración, que apenas tiene nueve meses.
La muerte de seis campesinos en la región de Totonicapán ha causado el repudio de sectores religiosos y de la Organización de Estados Americanos (OEA), quienes exigen una investigación del confuso evento en el que la Policía Nacional Civil, con el apoyo del Ejército repelieron una protesta contra la reforma de la Constitución y para pedir una reducción en las tarifas de electricidad.
Hechos como estos mantienen en estado de alerta al país y a sus autoridades, que hacen ingentes esfuerzos para combatir al crimen organizado y evitar que se mine a la sociedad guatemalteca, que es acechada por la violencia.
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, ha hecho un llamado para que mantengan el diálogo y que investiguen las causas del confuso incidente, que también dejó más de 30 heridos.
A pesar de que el presidente Pérez Molina entregó a los agentes presumiblemente involucrados en la masacre, los grupos campesinos de unos 48 cantones exigen justicia y respuestas.
Al disgusto social ahora hay que sumarle una demanda que presentarán contra el presidente guatemalteco ante la ONU, por crímenes de lesa humanidad.
Esta es una situación peligrosa para la frágil democracia que vive Guatemala, que en los últimos 10 años ha tratado de salir adelante en varios aspectos que le permitan al país tener un crecimiento adecuado, y que sus ciudadanos tengan un mejor nivel de vida.
Ante este panorama gris, es pertinente hacer el llamado para que todos los actores se sienten a dialogar por el bien del país, que aún se recupera de profundas heridas causadas por la guerra civil, que duró 36 años y aún causa resquemores.