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¿Pueden los ‘gays’ criar hijos?


Javier Stanziola / Dramaturgo y novelista (opinion@epasa.com) / -

Una película del español David Planell, La Vergüenza, nos presenta a una pareja -hombre y mujer- enfrentando el mal trago de no saber cómo relacionarse con el niño que han adoptado. Con un diálogo certero, Planell nos muestra la duda y culpa que acaparan la vida de muchos padres que están tratando de dar lo mejor para sus hijos, pero que se dejan vencer por la imperiosa fiebre de la cotidianidad (vaso roto, plato de comida dejado).

Como padre gay de un niño de 7 años, que adoptamos hace 6, esta culpa y duda son dolorosamente familiares. A pesar de los elogios y palmadas en la espalda de mi madre y mi padre y del apoyo de decenas de amigos y familiares, la homofobia interna es un virus poderoso que ha encontrado muchos recovecos en mi mente y no me deja quieto. A pesar de que el sentido común y el fabuloso crecimiento de mi hijo me dicen lo contrario, siempre queda la duda, que es alimentada por la intolerancia hacia lo diferente que se riega por la TV y columnas de opinión de nuestro país.

Hace un par de meses, un estudio de la Universidad de Cambridge en Inglaterra refutó categóricamente la hipótesis sostenida por muchos (incluyendo varios de nuestros legisladores) que las parejas homosexuales no pueden ni deben criar hijos. La investigación mostró incluso que los padres homosexuales ingleses son más felices que otros padres -experimentan bajos niveles de depresión-. La profesora Susan Golombok, directora del Centro de Investigación de la Familia y coautora del informe, confirma que las dudas sobre los efectos negativos para los niños carecen de fundamento. El estudio también sugiere que los niños con padres adoptivos del mismo sexo no son más propensos a sufrir de trastornos psicológicos que los niños adoptivos con padres heterosexuales.

Esta clase de narrativa científica, sin mitos religiosos ni traumas homofóbicos, alimenta la tolerancia una cucharadita a la vez. Quiero creer que a largo plazo, esa narrativa alternativa ayudará a que mi hijo (y miles más como él) enfrente un mundo con menos prejuicios y sin tanta vergüenza.

He vivido fuera de Panamá por más de 25 años. Desde que mi pareja y yo adoptamos a mi hijo, me siento como un exiliado sexual. Quisiera criar a mi hijo entre el calor de mi patria, pero no puedo porque soy gay. En mi país, mi unión civil no tiene validez. Peor, mi hijo enfrentaría prejuicios medievales. Quiero creer que la razón y la evidencia alguna vez ayudarán a darle cierre al exilio sexual que como yo miles de panameños enfrentamos.

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Viernes 14 de agosto de 2026