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Puente Centenario


Por estos días los medios informativos registran, entre lluvias y noticias oficiales, tantas novedades, que nada parece permitir dimensionar las consecuencias de las afectaciones que ha sufrido la pista del Puente Centenario y el deslinde de responsabilidades parece ser capítulo de otra novela. ¿A qué costo se realizó la obra? ¿Qué conclusiones se derivaron de los estudios de impacto ambiental y de suelo? Sobre la pista se han hecho tantos remendones y parches, que casi era previsible la situación que ahora se vive. Pero otra vez: ¿dónde radica el problema y de dónde viene la responsabilidad? No es posible que el Estado invierta, comos sucede hace algunos años, millones de dólares en obras que a la larga no cumplen su cometido. Eso ronda la estafa. En cualquier otra parte del mundo ya las autoridades estarían llamando a las constructoras y a los peritos, pero aquí se habla de falta de mantenimiento, en lo que parece más la fábrica de una excusa que una explicación en toda línea. ¿Dónde están los inspectores que debían examinar con lupa los progresos de la obra y verificar que las cosas fueron hechas conforme los contratos? ¿Se va a revisar esto? ¿No es hora de conocer las condiciones exigidas entre el contrato y la obra? La rigurosidad no puede ser medida para unos y no para otros, porque en la ambivalencia prevalecen inconsistencias que dejan sin autoridad a quienes son depositarios de la confianza ciudadana.