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Punto de quiebre


Las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) viven su peor momento. La caída de su máximo líder, Alfonso Cano, podría representar la estocada final del gobierno colombiano a este grupo armado que desde hace años vive del narcotráfico y otras actividades ilícitas.

En los últimos años los operativos militares contra esta peligrosa organización, creada con una base ideológica y que terminó sembrando el terror en Colombia, han sido efectivos. Sus líderes máximos han muerto por diferentes causas y eso ha mermado el poder del Secretariado de las FARC.

El primero en caer fue Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”, que supuestamente murió por causas naturales. Su reemplazo, Raúl Reyes, cayó abatido en un campamento guerrillero en la zona fronteriza entre Colombia y Ecuador.

Víctor Julio Suárez Rojas, “El Mono Jojoy”, también murió en medio de un histórico bombardeo en la selva colombiana. Todos ellos junto a Cano eran la columna vertebral de este grupo armado que mantiene una sangrienta guerra desde hace décadas.

El futuro de las FARC es incierto, muchos expertos hablan del fin de este movimiento; sin embargo, en la línea de mando existen otros personajes que podrían asumir la cabeza de esa guerrilla.

Es el mejor momento para que de una vez por todas se acabe esta guerra, en la que han muerto miles de colombianos inocentes y que ha causado profundas heridas en ese país sudamericano, tras vivir episodios trágicos por los secuestros y las extorsiones.

Los países del mundo que abogan por la paz y rechazan la violencia deben dar su espaldarazo a Colombia. Se vive una etapa crucial de la lucha contra el terrorismo y la violencia.