Punto de vista Casos, mala administración de la cosa pública
El fenómeno es histórico y dentro de un gobierno que promete cambio, especialmente notorio. Vaya usted a ver la operación de cada uno de los tres órganos del Estado. Las botellas y las planillas. ¿Sabía usted que en muchos casos se la paga salario a personas que, físicamente, no asisten a desempeñar el cargo por el cual se les paga? La Contraloría entiende que esto ocurre y no hace nada al respecto. Las razones surgen de una política torcida y sin contemplación alguna hacia el bien común. Así se permite que tan nefasta situación se mantenga en grado tolerado de práctica y costumbre.
¿Cómo mostrar una forma correcta de aclarar y corregir esta infeliz realidad? Simple, se contratan los servicios de una empresa como la KPMG, para que realice una auditoría al inicio, mediados y fin de cada periodo presidencial. Sus resultados se publicarían de manera transparente actuándose de consecuencia en cada caso.
Siempre se ha considerado necesaria una sala para asuntos constitucionales. Más magistrados y suplentes. Otro montón de plata del pueblo para el pago de toda una innecesaria estructura. Me parece más apropiado reorganizar las salas existentes con calendarios rotativos, activando a los suplentes en caso de agraviosos atrasos. Pero no los jugosos salarios para abogados con apegos partidistas son una manera de compensación apropiada. ¿Risible todo esto o no?
En una democracia efectiva las protestas y la libertad de expresión son fundamentales; sin embargo, reduciendo estos fenómenos propios del sistema, a mero clientelismo, ninguno de los dos está regulado de manera correcta; así, en un país pequeño, donde escasean los espacios, salen a protestar por la libre y cada vez que se les ocurre, afectando derechos de terceros y en algunos casos, muy serios, hasta la seguridad física de las personas con daños a la propiedad pública y privada.
No existe supervisión eficiente y efectiva para el control de ruidos. En el día, por espacio de horas, se dan bailes y música escandalosa en el área de los hospitales con orquesta y enormes bocinas. En la avenida Balboa, atrás de donde quedaba el restaurante Marbella, existe un negocio de tiro al blanco donde se disparan ocho horas diarias, seis días a la semana, ametralladoras de alto calibre y repetición junto a rifles, escopetas, pistolas y revólveres de todo calibre. El ruido es insoportable y ninguna autoridad le pone fin a tal actividad en un área totalmente residencial.
Hay mucho más, la incompetencia es masiva.
