Punto de vista El Sofisma de la guerra a las Farc en Panamá (II)
Más allá de las críticas que se le formulan en Panamá a la política de la lucha contra el narcotráfico del presidente Martinelli y el sofisma de la supuesta guerra a las Farc, en toda esta pelotera política que se armó por los enfoques sensacionalistas de ciertos diarios panameños, el problema de fondo son los efectos novicios que tiene el narcotráfico para la seguridad de Panamá y otros países centroamericanos, porque en la medida que Colombia combate los cultivos ilícitos en departamentos como el Chocó, territorio fronterizo con Panamá, el fenómeno de las plantaciones de coca se ha ido desplazando hacia el Darién panameño.
Lo que no saben algunos políticos, y en general la sociedad panameña, es que las estribaciones de la serranía de Darién y la cuenca del río Tuirá se están llenando de cultivos ilícitos. Un tema que en Panamá se debería debatir con urgencia para que no le pase lo mismo que ocurrió en Colombia cuando en la década del 70 y principio de los 80 del siglo pasado, ignoró lo que pasaba en la frontera con Perú, y resulta que estos cultivos se desplazaron a Colombia, aprendieron los colombianos y se volvió un monstruo con cobertura en todo el territorio colombiano.
Los panameños siguen pensando erróneamente que la selva de Darién es la mejor estrategia para mantenerse distante de los indeseables de Colombia y, por ende, se pretende ocultar el problema de los cultivos ilícitos, cuando esta peste es la que está motivando el desplazamiento de las disputas por los controles de las vacunas, corredores y las rutas para mover la droga entre las Farc y paramilitares colombianos, en territorio panameño.
Panamá Américadenunció en su momento la existencia de más de 200 pistas clandestinas en Darién, pero ningún dirigente político se ha pronunciado y, más aún cuando gran parte de la droga que va de Colombia hacia Estados Unidos tenga como paso el territorio panameño y la introducción de armas para la delincuencia colombiana tenga su epicentro en Panamá, explica en cierto modo la presencia de los actores armados colombianos en su territorio. Mientras no se desarticulen las rutas y los enlaces que tienen los grupos armados para el tráfico de drogas y de armas, y el lavado de activos en Panamá, sus operaciones en la frontera van a causar traumatismos en los dos países. Siempre y cuando no exista cooperación eficaz entre los dos países en la lucha para desarmar las redes que trabajan con estos grupos en la frontera, en la lavandería en Zona Libre de Colón y en el sector financiero, va a ser difícil menguar su influencia en Panamá y en otros países centroamericanos.
