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Punto de Vista La importancia del diálogo en la democracia


Días atrás se dieron dos ejemplos en América Latina que reflejan la importancia del diálogo en nuestra cultura política como elemento indispensable para bajar los ánimos en cualquier sociedad y promover la búsqueda de soluciones. Instrumento que, bien utilizado, puede proporcionar la armonía y la paz que toda sociedad en democracia aspira. Los protagonistas fueron los gobiernos de El Salvador y Chile, por cierto de signos contrarios y, como todos los de la región, enfrentando las crisis propias de la época que vivimos.

Quizás el conocimiento de una encuesta que puso al presidente chileno Sebastián Piñera, en sus primeros meses de gobierno, a sólo el 45% de aceptación ciudadana pareciera ser el motor que funcionó para que La Moneda (casa presidencial chilena) promoviera acercamientos con los líderes del principal partido de la Concertación, el Demócrata Cristiano. Piñera no sólo invitó al presidente de la DC a Palacio, sino que se reunió allí con su opositor en las elecciones pasadas, el Senador Eduardo Frei. La idea, encontrar mecanismos para establecer temas de agenda nacional para enfrentar los problemas del país, agudizados por el terremoto de marzo pasado.

Aunque sin terremotos de por medio, en El Salvador, el Presidente Mauricio Funes, electo por el FMLN de izquierda y que derrotara al derechista ARENA tras 20 años de hegemonía de éste, hizo algo insólito en su país: convocó al diálogo a sus opositores ante la necesidad de encontrar mecanismos para enfrentar los grandes problemas que tiene el país.

Ni en Chile y menos en El Salvador se producirán alianzas con los sectores de oposición ni nada por el estilo. Simplemente en ambas naciones se plantean realidades que indican que si bien un partido gana las elecciones ello no implica que sea el dueño del país. Al margen de las normales rivalidades y criterios se deben encontrar caminos que lleven a la búsqueda de soluciones compartidas por todos, tanto de gobierno como de oposición. En ambas situaciones la sociedad civil ha apoyado tan democrática convocatoria al diálogo porque sabe el valor que el mismo tiene.

En Panamá existe un claro ejemplo de lo que el diálogo y la concertación puede representar y producir: el tema del Canal de Panamá. En 1994, con Asambleas Legislativas de signos contrarios, la primera electa en 1989, donde yo era parte, y donde el Presidente era Guillermo Endara, y la segunda, electa ese año y bajo la Presidencia de Ernesto Pérez Balladares, aprobamos de común acuerdo cambios a la Constitución, reiterando el carácter especial que para todos los panameños tiene el Canal de Panamá y convirtiéndonos en el segundo país de América Latina –el primero fue Costa Rica- que constitucionalmente prohibía la existencia de un ejército.

gcochez@covad.net