default

Punto de Vista Mayoría y dueños de la soberanía


Al mismo tiempo que las revueltas árabes, en el estado de Wisconsin, Estados Unidos, crece un movimiento sindical y ciudadano de protesta. El gobernador republicano, Scott Walker, pretendía eliminar el derecho de negociación colectiva de los trabajadores públicos: sólo mejoras salariales y encima con el límite de la inflación estatal. Los trabajadores públicos ocuparon el Congreso de Wisconsin para evitar la aprobación de la ley y los sindicatos convocaron a manifestaciones solidarias en varias ciudades, que congregaron a decenas de miles de ciudadanos.

El veterano progresista Ralph Nader cree que la próxima rebelión ciudadana podría ser en Estados Unidos. La protesta de Wisconsin es mucho más que una reclamación sindical. Es defender la libertad y justicia logradas por los trabajadores contra la reaccionaria pretensión de desmontar el estado de derecho y bienestar.

Jeffrey Sommers, profesor de Stockholm School of Economics, cree que “este movimiento es diferente, no tiene portavoces; la gente se organizó, tomó decisiones, actuó y sus acciones dieron resultado. A estudiantes, profesores y otros empleados públicos se unieron policías y bomberos. Los policías ofrecieron café a los manifestantes encerrados en el Capitolio”. Acaso esta vez sea diferente; sí. ¿Y la vieja Europa?

Ya conocemos la respuesta ciudadana de Islandia. El gobierno neoliberal dimitió acorralado por las protestas ciudadanas, que forzaron un referéndum sobre el pago de la deuda de los bancos, y más del 90% de ciudadanos decidió que no habría dinero público para la banca.

En Grecia, muchos ciudadanos se niegan a pagar peajes, tasas hospitalarias y billetes de transporte público que, por cierto, han aumentado un 40%. Cunde la desobediencia civil económica.

En Francia, la creciente desigualdad propicia una irritación social que aumenta. Una desigualdad que ocasiona que un tercio de franceses vivan peor que el año pasado. Una encuesta de L'Humanité Dimanche indicó que más de la mitad de franceses desea una revuelta popular, aunque el mismo porcentaje cree que hoy no son capaces de hacerla. Y el Nobel de economía Stiglitz recuerda que “el neoliberalismo es una doctrina política, nunca respaldada por la teoría económica ni por la experiencia histórica, que sirve a determinados intereses”.

Porque la política neoliberal (hoy enarbolada contra el déficit) no es más que “una verdadera revolución de los ricos contra los pobres, de los mercados contra la soberanía cívica”, como ha escrito Luis García Montero.

En última instancia, tanto en Estados Unidos como en Europa, es urgente interiorizar la propuesta del Nobel de la Paz, Sam Daley-Harris: “Dejar de pensar que no hay soluciones, que no importa lo que hagamos o que la solución no depende de nosotros. Y dejar de actuar en solitario”. En África del Norte lo han tenido en cuenta y les va bien.

A fin de cuentas, trabajadores y trabajadoras, ciudadanos y ciudadanas, somos mayoría absoluta. Dueños del poder político y de la soberanía. (ccs@solidarios.org.es).