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Punto de Vista Mucho apuro trae cansancio


Es nuestro mayor deseo que a este gobierno y a los venideros les vaya bien, la razón es sencilla; en la medida que esto ocurra, a la gran mayoría del pueblo nos irá mejor. Sin embargo, el gobierno actual en su afán de encajonar una serie de inversiones dentro del período de gobierno o reportar un avance sustancial, van a convertir este país en un caos inimaginable.

Para disminuir los tiempos han esgrimido las tan criticadas contrataciones directas o bien reducido los tiempos adecuados para que las empresas interesadas en participar, puedan hacer una correcta propuesta en las licitaciones que se anuncian. No parecen importar los costos astronómicos y ni los resultados esperados. Que soberana irresponsabilidad.

Imaginémonos por un solo momento la concurrencia de los siguientes proyectos: 16 pasos a desniveles, metrobús, metro, complejos hospitalarios, ciudad carcelaria, rehabilitación de carreteras, centro de convenciones, torre financiera, etc.

Algunos podrán señalar que este un caso clásico de “palo porque boga y palo porque no boga”, pero no es así. En la administración pública, las obras deben propender a ser realmente prioritarias, causar el máximo beneficio y procurar el menor trastorno a la comunidad.

El hacer obras es plausible y la mayoría de las enunciadas se requieren, aún cuando casi todas sean excesivamente caras, y no tan prioritarias frente a otra serie de necesidades. En el caso de salud, se maximiza la oferta hospitalaria en detrimento de una necesaria política preventiva, con el agravante que al momento de entrar en operación dichas instalaciones, comenzaran a laborar de manera deficitaria en los recursos fundamentales de médicos, enfermeras y otros paramédicos. Este es un típico caso de “poner los bueyes detrás de la carreta”.

Frente al caos que avizora el Ministro de Obras Públicas y que de ninguna manera se podrá superar armándose de paciencia, no les parece a nuestros gobernantes que lo más sabio sería tratar dichas obras como tema de Estado y no de gobierno. Las obras se podrían diseñar o iniciar en este gobierno e incluso comprometer su presupuesto aunque se concluya en el siguiente período. Esta sería la real visión de un estadista y no la de un politiquero.

Las obras se podrían ejecutar escalonadamente y de acuerdo a procesos constructivos serios y ordenados ocasionando menos dolores de cabezas e incomodidades a la gran masa que tendría que “transitar” en las condiciones previstas. Aparte de las afectaciones en la salud física y mental de los asociados, ¿quién se responsabilizará por las llegadas tardías y pérdidas de puestos de trabajo?

Para muchos gobiernos no es fácil seguir nuestra recomendación por dos criterios básicos, uno el factor electorero y el otro, cumplir dentro del período los compromisos contraídos con proveedores de bienes y servicios a los cuales se les debe algún tipo de favor o con los cuales se tienen arreglos a trastienda. Recordemos el triste espectáculo de un ministro del gobierno anterior, que autorizó una exorbitante addenda a un contratista, e hizo de relacionista público y mensajero de la empresa para lograr que ésta cobrara el jugoso cheque final unos días antes de que concluyera el mandato presidencial. Todo lo demás queda a la imaginación de nuestros lectores y no vamos a explicar más nada.