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Punto final


Los grupos indígenas y el Gobierno Nacional tendrán una última oportunidad para poner fin a las diferencias por la construcción de hidroeléctricas en el país.

Los representantes de ambos bandos, bajo la mediación de las iglesias del país, retomarán las negociaciones que han estado marcadas por los dobles discursos y la falta de consenso.

Antes de abrir nuevamente el debate, los indígenas deben estar claros en que no se puede negociar por un lado y cerrar calles por el otro. No es serio y perjudica la estabilidad del país.

Además, sería un error volver a insistir sobre la cancelación de concesiones hidroeléctricas que se encuentran en construcción y que de paso están ubicadas fuera de la comarca y sus áreas anexas.

Es imposible pensar en alguna clase de acuerdo si predominan los argumentos radicales de todo o nada. Por su parte, el Gobierno tiene la responsabilidad de mantener abierto el diálogo y plasmar con suficientes pruebas que no es viable cancelar concesiones porque se pondría en juego la seguridad jur ídica del país.

Ya no existe espacio para los insultos y las amenazas, ahora todos los ciudadanos abogan por un acuerdo justo.

Las decisiones sobre las hidroeléctricas fuera de las zonas comarcales o anexas deben ser consensuadas. Satanizar las hidroeléctricas no es el objetivo, si se toma en consideración que este sistema ofrece energía a costos más bajos que otros métodos de generación.

Si se produce energía respetando las normas de protección al medio ambiente y con estrictos controles técnicos, no debe existir controversia.

El desarrollo del país amerita una cuota de sacrificio de todos los sectores productivos. Los conflictos no ayudan.