Putrefacto sistema
El asesinato a tiros de otro recluso dentro de los penales, es una nueva bofetada a la sociedad. Otra vez, de forma misteriosa y cual si fueran magos, reclusos tuvieron acceso a armas de fuego, sin que las autoridades puedan o quieran explicar cómo sucedió. Todo apunta a que este crimen tiene relación directa con la presunta cooperación que brindó el hoy occiso, en una investigación de narcotráfico.
Este elemento hace más delicada la situación. Si en efecto, el detenido apoyó en una investigación, las autoridades debieron guardar estricta reserva del caso y brindarle la seguridad mínima requerida.
El asesinato no corrobora únicamente la podredumbre que existe en el sistema carcelario panameño, también genera dudas sobre la fidelidad y honestidad de los funcionarios y policías que tuvieron acceso a la información sobre el caso.
La saña con que fue cometido parece demostrar que se trata de una vendetta, con ramificaciones en estamentos del Estado.
Estos eventos parecen escenas sacadas de una película de mafiosos o fragmentos de la historia vivida durante los peores años del narcotráfico colombiano o del auge que tienen los carteles mexicanos en la actualidad.
Pero no, es Panamá, el país en el que hasta hace una década y media atrás nadie osaba siquiera imaginar que esto pasaría.
Resulta inconcebible que luego del tiroteo, los custodios hayan efectuado una supuesta pesquisa sin encontrar el arma y que no haya pistas de quién pudo ingresarla al penal. La ministra de Gobierno y el Procurador General no deben permitir estas irrespetuosas versiones.
Es notorio que existe un posible contubernio entre grupos criminales, policías y funcionarios judiciales, que hay que investigar sin dilaciones.
