¿Qué celebramos?
El alcalde capitalino enciende antorchas en la Cinta Costera, las bandas estudiantiles se visten de gala y entonan marchas a su paso por las calles de pueblos y ciudades, la Asamblea Nacional emite un convencional comunicado ensalzando días y símbolos patrios que algunos, en los recintos burocráticos donde precisamente se emiten los documentos oficiales, ya ni siquiera recuerdan cómo son. Es el telón de fondo mientras las más altas autoridades esperan el paso de las marchas patrióticas desde las engalanadas tarimas, y así, entre bostezos, aplausos y banderas, todos celebran el nacimiento de la República de Panamá. Pero 107 años después, la ocasión es buena para que el país se mire al espejo y reflexione sobre lo que es y lo que quiere ser.
Las celebraciones se dan en un contexto de dificultades por el alto costo de vida, el comportamiento de los políticos, los atropellos al ambiente, una educación deficiente, la inseguridad social y una economía peligrosamente desigual. Aunque las fiestas patrias podrían contribuir para redefinir la identidad nacional, las trivialidades oficiales de los festejos no favorecen este objetivo.
Quizá el atropello más grave que sufre la patria es en la cultura nacional. La falta de lenguaje en los políticos, locutores, estudiantes y maestros en general, refleja ausencia de ideas, desprecio por la ilustración y la excelencia cultural. En Panamá ningún tema debe escapar de este doloroso escrutinio que, por estas fechas, es imprescindible hacer con el único interés de salvar la patria que crearon los que la soñaron hace más de cien años.
