Que el Año Nuevo sea ausencia de caos
La Sagrada Biblia en su crónica sobre la creación del mundo nos dice que “al principio existía el caos”. La tierra era caos y confusión.
El 26 de diciembre pasado, día feriado, la empresa privada organizó un desfile de globos muñecos gigantes inflados que en su primera parte fue un éxito ya que hubo una convocatoria de 300,00 personas, cifra récord en nuestros anales de convocatorias masivas pero que su parte conclusiva según los medios de comunicación resultó un caos.
¿Qué ocurrió? A quién le tocaba guardar el orden? ¿Quién asume la culpa de lo sucedido?
El orden no es nada impuesto, tampoco es algo espontáneo. El orden se aprende a veces a la fuerza.
Decir que hubo caos, puede que se estuviere exagerando, pero normalmente nos expresamos así refiriéndonos al funcionamiento de algunos estamentos oficiales como: esto es un caos, porque te cambian el horario o porque un día no funcionan las computadoras, otro día no y si no que no ha venido el jefe, o el que sabe del asunto se fue al Seguro...
Que feo es el caos del cual nos hemos hecho lenguas y como pedimos a Dios nunca contribuir al caos y como debemos añorar el orden en todas las actividades públicas y privadas. Que cese el caos en el asunto del transporte.
Que cesen los pequeños caos que ocurren en tiempo de matrículas y en otras actividades públicas en que está a mano el poder evitarlo. Que el Feliz Año sea ausencia de caos.
¿Qué dice Jesús resucitado al hombre de hoy? Su resurrección trajo la liberación al mundo, pero seguimos oprimidos. Cristo resucitado no es un sueño, sino una realidad. Al resucitar no eliminó el mal de la tierra, sino que se dio el valor para transformarlo, le dio sentido a la lucha diaria. Se puso a nuestro lado para cambiar el mundo. Es verdad que vivimos en una sociedad violenta últimamente recrudecida por el tráfico ilícito de estupefacientes y drogas con su estilo violento de ajuste de cuentas, pero ante tan aterrador enemigo de la sociedad panameña se une y adquiere la fuerza para defender el poco valor respetable que aún queda en nuestra vida ciudadana.
Por eso la recomendación que nos hace Jesús es permanecer despiertos en la fe con responsabilidad personal y comunitaria. No podemos esperar con los brazos cruzados, nuestra esperanza debe ser activa y dinámica. Esperar al Señor implica transformar la existencia, significa ponernos en marcha, caminar a la luz del Señor como lo relata el profeta Isaías, es propiciar nuevas situaciones de progreso y superación.
Sacerdote jesuita.
