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¿Qué es la justicia en la República de Panamá?

Por: Redacción 22/10/2015

"Desconocer nuestras raíces, separarnos de ellas, constituye el gesto suicida de un idiota ". F. Mitterand. Los orígenes mismos de nuestro sistema de administración de justicia nos mantienen anclados a prácticas y métodos que no guardan relación alguna con los dictados de nuestro Pacto Social. Por ende, el meta-ideal de justicia está vinculado a quién sea el solicitante, cuánto esté interesado en invertir para lograr sus objetivos y, sobre todo, qué tan cerca está a los círculos de influencia política, económica, social etc. del momento.

Estos hechos en su crudeza evidente reflejan la podredumbre moral, ética y judicial del continente y el contenido de esa abstracta idea con la cual los seres que vivimos en sociedad, escogimos quiméricamente como freno a supuestos abusos y terminaron transformándose en tiburones de tierra con fauces y mandíbulas de acero. Se da inicio al deterioro de los valores iniciales desde el mismo seno familiar, dibujado en una mezcla de costumbres en desuso y nuevas acciones, cuyo único y principal interés es acomodarse lo más arriba de la pirámide social. Lo que haya que hacer para materializar esto es secundario, la adrenalina que se expele se compensa con la inigualable satisfacción de ser y pertenecer a los núcleos dominantes, es decir, la gente que pesa, los que pretenden pensar por los demás y habituarlos a su rol de segundones obedientes.

La escuela es el recipiente en donde nos formamos o deformamos y en la cual definimos el verdadero rumbo de nuestra vida. Buscando satisfacer egos o procurando el bien común. Curioso pase taurino que en las más de las ocasiones toma ventaja a la decencia para enrumbar los instintos por encima de la razón.

Al parejo se vive en una sociedad en donde los hábitos de consumo, destellan luces de publicidad y ansias de compras. Relegamos la austeridad con el fin de estar en onda y caemos en el sitio exacto donde los agiotistas del mercado y la política nos desean tener. Es este el cuadro tenebroso que convierte a los futuros actores en los procesos, en reos de un calvario indefinido y atroz. Por cada uno de los que impulsan la honestidad tendremos diez que se opongan al cambio. Las razones no interesan, solo los compromisos y convenios. De no estar dispuesto a vender conciencia y alma al amo, jamás tendrás la posibilidad de acceder a la judicatura o al Ministerio Público. No les conviene, y si te cuelas se darán cuenta a la brevedad y te expedirán una visa al letargo. Si por el contrario, desde las alturas del digno ejercicio profesional les enfrentas, irremediablemente te calumniarán, apresarán y se regocijarán con tu cabeza expuesta al escarnio de una opinión pública llena de malos consejos y adepta a lo irreverente.

Tétrico y vulgar panorama, propio de los pueblos amerindios cuya historia de logros y conquistas se ve siempre disminuida por los cacicazgos malolientes que tienen rostro mercantilista y aspira al dominio total.

Debemos concluir que no asistimos al mejoramiento de la cosa judicial, por el contrario, somos espectadores de una suerte de espectáculo de burdel en el medio de la Plaza Pública. No hay uno de nosotros que esté liberado de sucumbir, no podrás jamás estar seguro de que a ti no te tocará la desgracia de enfrentarlos. Seas económicamente solvente o no, tarde o temprano te acorralarán y sabrás que de justicia en Panamá solo se habla, pero no se practica. La Constitución y las leyes se doblegan permanentemente en el estrado, frente al poderoso, ellos saben que pueden medir nuestros pasos, lo que ignoran es cuánta resistencia se cobija en nuestra mente y corazón. A los librepensadores se les puede someter temporalmente, igual que a la justicia, pero temprano se comprenderá la inutilidad de estas prácticas. El estado de cosas actual no avizora otros eventos que tempestades y conflictos. Si le diéramos pase a la verdad, en Panamá tendríamos espacio todos y sin embargo, al acecho nos rodea para advertirnos que la única paz que tendremos es la del cadalso o el cementerio. De justicia nada, sí, absolutamente nada.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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