default

¿Qué es la vida?

Por: Redacción 18/01/2014

Rómulo Emiliani /Monseñor (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La vida es un don de Dios y es sagrada. Este concepto tan inherente a la espiritualidad hindú y budista, y vivida también por nuestra cultura indígena latinoamericana, ha sido proclamado siempre por el Evangelio de nuestro señor Jesucristo, y la Iglesia lo cree firmemente. Pero en la práctica hemos tenido tantos infortunios históricos, en parte por los conflictos bélicos entre naciones y aún entre religiones, en donde se han bendecido las guerras y sus armas, pasando por los tanques y aviones, y se ha pedido la intervención divina para que gane alguno de los contendientes, cosa que implica la destrucción del contrario.

Se ha empleado el concepto de guerra justa, y algunas veces de “santa guerra” y se ha satanizado al contendor. Siempre “el otro” es el agresor y merece ser derrotado, pidiendo el auxilio divino. Ejemplo: Las guerras entre musulmanes e hindúes que hicieron sufrir tanto a Gandhi y lo llevó a sus extremas huelgas de hambre, o entre el Islam y la Europa medieval católica; también el papado, en algunos momentos, contra reyes europeos, pasando por los conflictos entre muchos grupos indígenas en la América precolombina, o entre los europeos católicos y los pueblos indios de América, o las terribles y sangrientas luchas tribales en África.

En la Guerra Civil norteamericana, los del norte y los del sur invocaban al Dios cristiano, al igual que en las dos guerras mundiales, se enfrentaron cristianos siempre pidiendo el apoyo de Dios y con sus capellanes bendiciéndolos.

Hay una anécdota histórica en la Primera Guerra Mundial en un frente en el que combatían los alemanes contra los ingleses y escoceses. En la noche de Navidad, en una pequeña tregua, se escuchaban en ambos ejércitos atrincherados la canción “Noche de paz” en sus lenguas e inclusive con las gaitas escocesas… un soldado alemán, embriagado, sale de la trinchera con una botella de licor y comienza a caminar hacia el otro frente cantando, y para sorpresa de todos, un par de ingleses hacen lo mismo. Al final terminaron jugando fútbol tres días los soldados que eran enemigos entre sí. Eran jóvenes de 18 a 27 años, fraternizando y olvidando momentáneamente lo horroroso de esas guerras absurdas. Después, por orden de sus altos jefes, al enterarse del suceso, reanudaron los combates y siguieron matándose sin saber por qué.

¿Y que pensará Dios? Creo que él dice que todos somos buenos porque fuimos creados por Él y no quiere que nos matemos por ninguna razón y que debemos buscar formas adecuadas para resolver nuestros conflictos, sin llegar jamás a derramar la sangre de nadie.

Pero veamos más profundamente qué quiere Dios: Primero, desde el Nuevo Testamento, revelación suprema, ya que la Palabra se hizo carne, se manifiesta que toda vida es sagrada y merece respeto y protegerla es señal de estar con Dios. Segundo, en toda vida hay presencia y manifestación divina, por lo que Dios está en todo y en especial en los seres humanos. Lo que hagamos a alguien se lo hacemos al Señor. Este principio es vital en el Nuevo Testamento, al extremo de que nos jugamos la vida eterna de acuerdo a cómo tratemos a los seres humanos.

La Iglesia, en constante purificación, acepta los fallos en su pasado y pide perdón por eso y busca vivir más intensamente el Evangelio. Lucha en favor de la vida en todas sus manifestaciones y defiende los derechos de todos, tanto de los pobres y discapacitados, los presos e indocumentados, las mujeres y los niños abandonados y está en contra de la pena de muerte, el aborto y la eutanasia y de toda injusticia social, marginación y exclusión. Un simple ejemplo: Hoy día, las hermanas de Calcuta están dedicadas, entre otras cosas, a los enfermos del sida, y los hermanos de San Juan de Dios siguen asistiendo, al igual que hace cinco siglos, a los enfermos mentales.

¿Cómo tomar conciencia en nuestra honduras con un promedio de 82 asesinatos por cada cien mil habitantes, de que la vida es sagrada? ¿Cómo detener esta ola irracional y casi diabólica de violencia que enluta diariamente a unas 19 familias? Esa es nuestra tarea y reto; crear una nueva cultura de la paz, del respeto a la vida y de la solidaridad, donde todos amemos la vida y la defendamos.

Para eso hay que evangelizar a tiempo y destiempo, usando todos los medios posibles y seguir promoviendo la caridad inteligente en todas nuestras parroquias y orar con insistencia por la paz de nuestro pueblo. De hecho, estamos viviendo un tiempo de una irracional y aberrante violencia, casi diabólica, y sabemos que nuestra lucha es contra poderes infernales y solo el Poder Divino es infinitamente más grande que el mal.

Tenemos que sanar nuestra mente enferma, porque tenemos ya los síntomas propios de pueblos en situación de guerra: miedo colectivo y odio acérrimo al que nos agrede; Buscar cómo atacar al contrario en venganza y reducirlo a cenizas aplicando un concepto de justicia al margen de la ley por la impunidad que hay. Debemos presentar personal y comunitariamente una cultura de la reconciliación. Ser mensajeros de la paz, viviéndola intensamente. Este es un momento decisivo en nuestra patria y todos tenemos que promover la civilización del amor. No es nada fácil, solo con el poder divino es posible.

Edición Impresa

Lunes 10 de agosto de 2026