Qué esperamos en la posampliación
Quizás muchos se preguntarán hoy, ¿qué viene después de la ampliación del Canal de Panamá, obra que permite al Canal mantener su nivel competitivo en el nuevo mundo de los superbuques neopanamax? Tal vez podamos encontrar algunas respuestas si revisamos la génesis de los planteamientos hechos desde los tiempos en que el expresidente Nicolás Ardito Barleta era ministro de Economía de Panamá. Recuerdo en ese tiempo, siendo funcionario del fenecido Irhe, como jefe de Planificación del Sistema Eléctrico Integrado Nacional, las muchas reuniones a las que asistimos en las que el ministro Barleta nos hacía conocer los planes que se elaboraban para utilizar, por un lado las tierras que revertirían a Panamá en virtud de los tratados firmados, y por otro lado, las formas como se aprovecharían las ventajas de la envidiable posición geográfica para alcanzar los mejores réditos económicos del ahora "nuestro Canal".
Dichos planes estaban orientados a convertir a Panamá en un país similar a Singapur. A la pregunta ¿qué quería decir eso?, la respuesta era invariablemente en el sentido de que había que modernizar las formas de comunicación interna y externa del país, lo cual incluía tener una conectividad de primer mundo y una logística de movimiento eficiente para atraer la inversión externa, la cual se asentaría en el país desarrollando importantes industrias y toda clase de servicios alrededor de las operaciones del Canal. Esto sin duda requeriría mayor capacidad del sistema eléctrico para suministrar la energía en las cantidades necesarias, y por eso nuestra participación. Desde entonces, el plan de desarrollo de las áreas revertidas y del propio Canal incluía nuevas y necesarias obras, tal como nuevos puertos, nuevos y ampliados aeropuertos, carreteras de tránsito rápido y hasta un ferrocarril modernizado.
El plan estaba orientado a incrementar al máximo los ingresos provenientes y asociados a las operaciones del Canal, existente y luego ampliado, de tal forma de sostener un crecimiento económico que permitiera proveer adecuados niveles de educación, salud y transporte a todos los panameños. Estos resultados deberían obtenerse con equidad para todos, para lo cual se requeriría tener claras reglas de juego, una para mantener la seguridad jurídica para atraer la inversión directa externa y también para el adecuado funcionamiento administrativo interno nacional. Para lograr esto en un plano de paz y sosiego nacional, lo cual hoy se hace muy importante ante el panorama político que enfrentamos en estos momentos, donde pareciera estamos abocados a una fratricida confrontación nacional que frustraría todo esfuerzo de crecimiento económico con inclusión social, se hace obvio que tenemos que modernizar nuestra ley fundamental que rige el quehacer jurídico en Panamá, es decir, la Constitución Política.
Hay que tener una plataforma legal base que asegure que los beneficios que generaría el Canal puedan permear a los estratos más necesitados y principalmente a la clase media que sostiene el crecimiento económico en el país. En este sentido, una asamblea constituyente es la única forma pacífica y democrática de tener una revolución, que transforme una Constitución hecha bajo un régimen poco democrático, en una que asegure los derechos y seguridad jurídica y social y que al final de cuentas nos permita lograr los beneficios, que mediante la ampliación del Canal, se esperan lograr para todos los panameños.
Ingeniero