Qué fácil resulta echar la culpa a otros
Durante la Mesa Redonda en Washington -Las Tentaciones de la Democracia” -organizada por la Corporación Andina de Fomento y el Diálogo Interamericano, junto a José Miguel Insulza y el ex Presidente de Bolivia Carlos Meza, uno de los participantes fue Martín Torrijos. Como no se permitieron comentarios, no pude intervenir; quería opinar que una de esas tentaciones –que nadie tocó- es la corrupción de los gobernantes, refiriéndome al caso del mismo Torrijos. Me acerqué al ex mandatario para comentárselo y su inmediata respuesta –muy a la defensiva- fue que éste gobierno esta politizando la justicia, según él, algo de lo cual siempre estuve yo en contra. Por cierto que sigo estando a favor de mayor independencia entre los poderes públicos, baluarte de cualquier sistema democrático y en contra de la politización de la justicia, venga de donde venga.
Por eso me parece interesante analizar aspectos puntuales de lo que el ex Presidente, hoy acusado de tantas cosas –CEMIS-Charro- etc-, hizo por “despolitizar” a la justicia.
Le tocó designar a la persona quien debía dirigir la Procuraduría General de la Nación por 10 años. Nombró en ese cargo a la asesora legal de un banco propiedad de los principales financistas de sus actividades políticas, quien además contaba con una cuestionable hoja de servicios cuando estuvo en el Ministerio Público, lo cual era requete sabido por el entonces Presidente. Su conocida inseguridad le impedía nombrar a alguien independiente.
Por cierto, nunca se le explicó a la Nación el porqué ese banco así de repente se fusionó con otro. Mientras la ex asesora fue Procuradora no hubo caso contra esa misma gente que fuese investigado como Dios manda. Inclusive uno de sus altos ejecutivos estuvo detenido por un tiempo por un caso de lavado de dinero, luego liberado, desapareciéndose el tema de la opinión pública.
Que fácil resulta echar la culpa a otros. Si bien Martín Torrijos designó a un excelente magistrado en Oydén Ortega, quien al asumir el cargo clausuró su oficina de abogados, bien criticada fue la designación del otro magistrado que, como se ha señalado, proyecta la impresión que continúa vinculado a su firma de abogados aunque formalmente esté separado de la misma.
Tan malo –quizás peor- que politizar la justicia, resulta entregarla a manos de quienes deberían ser objeto de investigaciones ecuánimes y serias. Ojalá que los casos de tantos peces gordos sigan su curso de la forma más transparente posible y sin interferencias foráneas. No le demos excusas a los investigados para que sigan negando explicar el origen de sus fortunas. Sin justicia imparcial, poco importará el crecimiento económico que tendremos.
gcochez@covad.net
