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¡Qué inhumano!


Sin comida, sin agua y con la misma ropa desde hace tres días. Así era la situación de miles de personas que quedaron atrapadas en el tranque en la Interamericana provocado por grupos indígenas que se oponen a la explotación minera y a las hidroeléctricas.

Las caras de desesperación de las personas afectadas reflejaba el drama humano detrás de esta maratónica protesta que sobrepasa las 53 horas.

La ciudad capital quedó desabastecida de productos agrícolas, sobre todo legumbres y frutas que llegan desde las tierras altas de Chiriquí. Las pérdidas son millonarias y los efectos secundarios tendrán un impacto sobre la economía del país.

En el Mercado de Abastos no han sido normales, simplemente no hay productos para vender y los compradores no tienen más opción que regresar a sus negocios con las manos vacías.

Los transportistas de carga son los más afectados en este cierre y cientos de contenedores que eran transportados hacia Centroamérica están varados.

Las reclamaciones de los indígenas se han mezclado con intereses políticos que han complicado todo el panorama. A pesar de los intentos para negociar, los mensajes de los líderes indígenas están lejos de abrir las calles.

El Ministerio Público debería iniciar una investigación para determinar si estas manifestaciones tienen motivaciones y financiamiento de grupos ajenos a la comarca.

En la Asamblea Nacional, los indígenas deberían tener la oportunidad de expresar sus puntos de vista.

En las últimas horas se percibe una posición radical de estos grupos, y los más perjudicados son los ciudadanos. Se están violentando las leyes nacionales y vulnerando el interés común del resto de los ciudadanos.