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A qué juega Turquía

Por: Redacción 15/12/2015

El pasado 24 de noviembre, el mundo fue testigo del derribo de un avión militar ruso Sujoi -24 por cazas turcos. El acontecimiento de inmediato acaparó las primeras planas de todos los periódicos del planeta. Como es evidente, Ankara y Moscú no van de la mano en lo que al conflicto sirio se refiere, toda vez que, mientras que el Gobierno turco intenta derrocar al régimen de Bachar al Asad, Rusia aparece como su principal valedor. Esta complicada relación diplomática tuvo su punto álgido después de que un caza Su-24 fuera derribado en las montañas del noroeste de Siria por dos cazas F-16 turcos. Sobre la versión de los hechos, Ankara sostiene que dos aparatos rusos violaron su espacio aéreo, por unos 17 segundos en un área de 3 kilómetros dentro de su territorio y que ambos fueron avisados hasta "en diez ocasiones durante cinco minutos" de la ilegalidad de su posición.

Por su parte, Rusia niega esta versión y sostiene que sus dos aparatos jamás violaron el espacio aéreo turco, sino que al contrario, el F-16 turco entró en el espacio aéreo sirio para derribar el bombardero ruso. La razón principal que, según Moscú, motivó el proceder turco está ligada a la compra por parte de Ankara a Daesh de petróleo de contrabando procedente de los yacimientos de Siria, que están bajo control del grupo terrorista.

Al comercio ilegal de petróleo se añade, según Putin, la circunstancia de que los combatientes del Isis "son defendidos por parte de las Fuerzas Armadas de un Estado entero", aludiendo con ello, que Daesh cuenta con acólitos, dentro de la cúpula militar turca.

Según versiones de prensa y del conjunto de datos presentados por Rusia y Turquía, parece muy poco probable que el Su-24 recibiera diez advertencias, puesto que la zona fronteriza donde tuvo lugar el incidente es de solo 2.5 kilómetros de ancho. Con una velocidad máxima de 1,600 kilómetros por hora, el Su-24 ruso habría cubierto esa distancia en unos seis segundos. Además, teniendo en cuenta que la aeronave estaba a una altitud de 6,000 metros, el caza turco habría necesitado mucho más tiempo para prepararse para el derribo. Como resultado del suceso, todo el sistema de relaciones bilaterales se ha visto comprometido.

Así, en el ámbito económico, según versiones periodísticas, el derribo del Su-24 "ha puesto en juego el comercio mutuo por valor de más de 30,000 millones anuales y más de 2,000 millones de dólares de inversiones acumuladas mutuas". Casi 44,000 millones de dólares en el comercio de servicios, amén de las irreparables pérdidas que se esperan en el turismo, la cancelación del proyecto de zona de libre comercio binacional y del acuerdo de libre comercio de servicios e inversiones, la suspensión de una central nuclear en suelo turco y de un segundo gasoducto a través del mar Negro, el Turkish Stream. Sin embargo, el punto neurálgico en las relaciones económicas ruso-turcas es el sector energético, pues Turquía depende en un 60% del gas ruso: un golpe en su suministro sería todo un impacto en la línea de flotación de la economía turca, haciéndola colapsar.

Una de las consecuencias más importantes, si no la más decisiva en la dinámica del conflicto sirio, tiene lugar en la esfera militar, habida cuenta de su impacto en el equilibrio estratégico regional y global, me refiero al establecimiento en Siria del sistema antiaéreo de cohetes múltiples S-400 Triumf. Tales sistemas actualmente son los más avanzados en defensa antiaérea y antimisilística en poder de Rusia. Los mismos están dotados de seis baterías de hasta 20 misiles para destruir modernos medios de ataque aeroespacial, incluidos cohetes balísticos, hasta una distancia de 250 kilómetros, por lo que fácilmente pueden incluir gran parte del territorio de Turquía, casi la totalidad del territorio del Líbano y Siria, 2/3 partes del territorio de Israel y el norte de Jordania. No menos importante que las dos anteriores lo son las consecuencias políticas. Entre ellas es posible diseccionar al menos dos. La primera, de impacto macropolítico, como lo es el giro estratégico en la lucha internacional contra el Daesh, escenificado por Francia, consistente en una redefinición de alianzas. Ciertamente, los atentados en París catalizan la necesidad de forjar una gran alianza contra Daesh. Un escenario que dibuja una hipótesis contraria podría considerar que el consumado por el socio díscolo de la Otan, contra el avión ruso, esté orientado a implosionar una coalición indivisa contra el Daesh, exacerbando los objetivos contrapuestos de las partes, con el argumento de que la incursión rusa en territorio sirio, cuando tuvo lugar el ataque turco, se hizo en una zona no controlada por Daesh, lo que ralentiza la búsqueda de una salida política al conflicto sirio. Al corolario macropolítico referenciado hay que agregar una acción que de producirse, reacomodaría las placas tectónicas de la geopolítica mesoriental, pues sería letal para la existencia misma del Estado turco. Ella sería el reconocimiento y aliento por una hiperpotencia de la erección del Estado kurdo (la mayor nación sin Estado del planeta, con 36 millones de habitantes). Tal acción de tomar aliento lo que sin lanzar un solo tiro, terminaría no solo partiendo en dos al Estado turco, con la voladura del Tratado de Lausana, sino que la réplica del seísmo afectaría a toda la región, haciendo añicos el tan vilipendiado hoy, Acuerdo Sykes- Picot.

Para finalizar, prefiero hacerlo en palabras de interpósita persona que, como muchas otras, ha realizado una valoración racional de los hechos. Me refiero al vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, quien en una rueda de prensa indicó que "este incidente revela que tenemos un actor que, según el testimonio de diferentes partes en la región, es impredecible, y se trata de Turquía y no de los rusos".

Prof. titular de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.

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