Que la panacea no cause otro mal
El progreso que se avecina en infraestructura vial para nuestra ciudad, también nos podría traer serios problemas en nuestras principales calles, si no se toman los correctivos a tiempo.
Prácticamente, todos los que vivimos en la capital estamos siendo testigos históricos de la construcción del primer metro que tendrá el istmo centroamericano. Es un proceso que lleva grandes sacrificios, traducidos en angustiantes tranques, madrugar más temprano para llegar a tiempo a nuestras actividades y suma cautela en el manejo con el fin de evitar accidentes.
Sin embargo, las mejoras que traerá esta obra a nuestras vidas, también podría ocasionar molestias si no se prevé el arreglo de las importantes vías por donde se construye.
A lo largo del proyecto, principalmente por la Transístmica, lo que queda de calle, si se le puede llamar así, hace que a toda hora, los vehículos sufran por el deterioro de la vía como consecuencia de los trabajos.
En otras carreteras, como Calle 50, Avenida Israel y la vía Tocumen, se viven iguales realidades, aunque la solución en estas debería ser integral, ya que las empresas contratistas están trabajando para mejorarlas.
Hace unas semanas, en una información que publicó este medio, quedó la sensación de que todavía no hay un responsable definido de la rehabilitación de la Transístmica, una vez concluyan los trabajos de la Línea 1 del Metro.
Este detalle es un poco inquietante para la gran cantidad de conductores que a diario usan esta vía y que no serán usuarios frecuentes del metro.
Solo cabe recordar a las entidades correspondientes que antes de que concluyan los trabajos, a finales del próximo año como se ha prometido, ya debe haber una planificación y programación que permita dejar la Justo Arosemena, Vía España, Fernández de Córdoba y la Transístmica en iguales o mejores condiciones para bienestar de sus usuarios y los transeúntes, si no el remedio terminará siendo el germen de una nueva enfermedad en nuestra congestionada ciudad.