Qué lejos está el estadio Hiram Bithorn
No hay duda de que el béisbol en Panamá pasa por una crisis. Cada vez más me convenzo de que la actual directiva del béisbol nacional hace las cosas a la suerte y trabaja pensando a lo que salga y no planifica nada.
Ejemplo de esto es el equipo que afrontará las Eliminatorias del III Clásico Mundial de Béisbol. Sin temor a equivocarme, el panorama que rodea al conjunto es de desorganización y, sin saber cómo es el estilo de juego, Roberto Kelly y su equipo de trabajo están encaminados a un rotundo fracaso.
Las armas del equipo son una incógnita tan gigante como el estadio nacional Rod Carew, próxima tumba de las ilusiones de los amantes del béisbol.
Viendo por encima, el cuerpo de abridores es endeble, siendo la mejor carta Paolo Espino, un chico que aún no se toma un café en las mayores y que, en el pasado Mundial de Béisbol realizado en Panamá, dejó grandes signos de interrogación en mi cuaderno de apuntes.
Tras no tener brazos fuertes en la rotación nacional, Roberto Kelly, mismo técnico que en el 2006 dejó a la selección a la deriva sin haber comenzado la justa, deja por fuera a uno de los mejores tiradores del patio y posible abridor del equipo, sin verlo tirar una sola pelota (Luis Machuca).
De los tiradores a los bateadores. Panamá no lleva un equipo de poder, más bien tenemos jugadores que pueden poner en juego la bola, así que a los batazos de larga distancia tampoco jugaremos.
Ahora dirán que tenemos a Carlos Ruiz, Carlos Lee y Rubén Tejada. Sí, ¿y ellos son los únicos tres en la ofensiva? Sin una artillería explosiva y sin brazos fuertes, ¡ay mima!, huele a fracaso.
Kelly tiene en sus manos una bomba de tiempo que el 15 de noviembre puede explotarle, sin todavía conocer el apellido de los jugadores.
Saben, veo tan lejos el Hiram Bithorn de Puerto Rico, tan lejos como Cristóbal Colón estuvo de la India.