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Que no se repita la historia


L os indígenas panameños han vivido históricamente en un vergonzoso estado de abandono. Resulta inconcebible que en un país que ha crecido 8.3% en promedio en los últimos cinco años, haya un 89.7% de indígenas viviendo en extrema pobreza.

En Panamá habitan unos 300 mil indígenas de siete etnias diferentes, repartidos en cinco comarcas legalmente establecidas. Este segmento representa el 8.4% de la población total del país.

Los gobiernos han vivido en constante deuda social con estas comunidades. Los programas destinados a mejorar su nivel de vida han sido víctimas, en la mayoría de los casos, del apetito rapaz de funcionarios corruptos que desvirtúan cualquier buena intención.

Por eso, el anuncio que hace el presidente Ricardo Martinelli de destinar $100 millones para educación y obras estructurales en las comarcas produce sentimientos encontrados.

Por un lado, produce satisfacción saber que se aliviarán los males que padecen estos panameños, y por el otro, causa tristeza que el anuncio se haga luego de violentos enfrentamientos en Bocas del Toro, Chiriquí, Veraguas y Panamá.

El Gobierno debe garantizar que esta deuda que asumiremos los contribuyentes con el Banco Interamericano de Desarrollo para el progreso de las comarcas no se maneje con criterios políticos, y que la larga mano de los corruptos no repita la historia de siempre: obras fantasmas, a medio terminar o de muy mala calidad.