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¿Qué padre no quiere lo mejor para sus hijos?


Hoy recibí un lindo mensaje lleno de positivismo, actitud y buenos deseos….
La idea fundamental redunda en la pregunta ¿qué padre no quiere lo mejor para sus hijos? …ciertamente esta es una frase que contiene mucha sabiduría popular apoyada en referencias bíblicas tales como Mateo 7:11 “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro padre que está en los cielos dará buenas cosas a lo que le pidan? entre otras referencias. Es entendido que todas las culturas y religiones coinciden en que “todo padre quiere lo mejor para sus hijos”… los hijos vienen siendo como un mejor prototipo o cosecha genética – al menos en teoría – que los padres… Aun sabiendo y compartiendo esta acepción no puedo evitar cuestionarme lo siguiente: ¿qué será lo mejor? ¿Qué es lo que aspiran los padres? ¿Qué es lo que aspiran los hijos? ¿Ambas aspiraciones serán las mismas? ¿O ambas aspiraciones serán abismal y diametralmente diferentes? ¿Quién establece que una aspiración es mejor o peor que la otra?

Con esto en mente reflexioné sobre mis aspiraciones, felicidades, aciertos, desventuras, tristezas, fortalezas, debilidades, conductas, cualidades y fantasmas … comprendo que hay un profundo amor y conexión entre padres e hijos…. Que no hay ojos más cálidos en los que te puedas reflejar con tanta grandeza, esperanza, bondad, amor, ternura, comprensión y sobre todas las cosas aceptación que las de tus padres… que los hijos tendemos a ser más egoístas – en nuestro afectos y nuestro tiempo-con nuestros padres…. que los hijos a medida que vamos “creciendo” creemos tener las respuestas a todo, nuestras propias teorías, nuestras propias conclusiones…. No tengo ni medianamente las respuestas a todas las interrogantes aquí plasmadas… tampoco quiera tenerlas… solo le quiero decirle a los padres que no dejen nunca de desear lo que consideren mejor para sus hijos…. solo quiero decirle a los hijos que permitan que sus padres quieran siempre lo mejor para ustedes… en algún momento-y con suerte- la coincidencia y la sabiduría pudiesen alinear ambos deseos…. Hijos y padres respeten los anhelos y deseos de cada cual, aprendan a escuchar, estén dispuestos a aprender, a compartir, a sorprenderse, a asentir y sobre todas las cosas a disentir y a respetar sus opiniones…. No importa si al final los que consideramos como “mejor” no es exactamente lo mismo o ni medianamente parecido… no hay verdades absolutas, no hay una definición lineal de la felicidad… pero sí hay un sentimiento real que es el amor entre ambos, ese amor incondicional que hace que todo padre – en su sabiduría y experiencia- quiera lo mejor para sus hijos….

Colaboradora.